jueves, 10 de diciembre de 2009

El primer político


Hoy asistí a su funeral.  Como en un último vuelo sobrevendido, la gente se amontonaba, se empujaba, trataba de encontrar un espacio en una catedral que parecía construida de personas más que de cemento.

Había de todo.  Jóvenes, maduros, ancianos y hasta bebés cuyos padres querían hacerlos testigos de una página de la historia que parecía concluir en esta tarde melancólica, en la que hasta el clima parecía estar de duelo.  El mismo sol tímidamente intentaba colarse entre la multitud, quizás para rendir honores.

Yo recordé que gracias a él tuve mi primer contacto con la política y empecé de manera temprana, precoz y hasta fanática a conjugar las ideas de gobierno del pueblo.  Antes de él pensaba que solo podían ser famosos y admirados los cantantes, compositores, escritores, actores, pintores y escultores.  No estaba tan equivocado a fin de cuentas, porque el hombre era un artista de la palabra, un gran orador y un gran poseedor de carisma, algo que tanta falta nos hace hoy.

Los chiquillos del barrio, en aquella lejana Alajuela de antaño, coleccionábamos obsesivamente cuanta indumetaria, bandera, afiche o elemento existiera sobre el señor.  Extasiados asistíamos a cuanta manifestación hubiera y éramos felices cada vez que nuestros padres nos llevaban a una caravana de carros con banderas.

Bajo un fondo blanco, una línea celeste era coronda con una U en rojo.  Tener el juego de viscera y camiseta era el equivalente a poseer todos los juguetes de la Guerra de las Galaxias, o la colección completa de discos de Olivia Newton-John, en mi universo de niño.

Recuerdo un día en que hizo una visita a la casa de don Juan Lara, uno de los vecinos.  Aquello era como hoy, un mar de gente que intentaba darle la mano, tocarlo, como si fuera un santo que al menor contacto limpiara los pecados y eliminara los problemas.  Creo que a mí me toco la cabeza y me dio un saludo, nada más; pero eso valió para sentirme como ante la presencia el mismo Drácula, mi héroe de infancia, por extraño que parezca.  O de Carlos Gardel o Edgar Allan Poe, otros de mis ídolos.

Rodrigo Carazo Odio se llamaba.  Le correspondió gobernar en tiempos muy difíciles, que hasta los niños advertimos.  Escaseaba todo, el dólar se desplomó y las histerias de los mayores eran transmitidas a los pequeños.  El tiempo se encargó, se ha encargado, de dar otras interpretaciones a la historia oficial, más pasional que otra cosa, que juzgó su gestión de forma alarmante y desdeñosa. 

Yo, la verdad, no sé cómo juzgarlo, solo puedo decir que le agradezco su caricia en mi cabeza, la pasión que en mí despertó por cuestionar siempre los acontecimientos, quizás aún la idea temprana de hacerme periodista para poder ser parte de fenómenos como los que se creaban a su alrededor.

Una anciana me comentó que por un tiempo se encargaba de preparar sus comidas y que él siempre le regalaba una sonrisa y le priopeaba su buena cuchara.  Mientras hablaba yo podía ver en sus ojos el brillo que da la satisfacción de haber vivido lo que se cuenta y pensé: ¿Seré capaz algún día de motivar semejantes destellos en alguien?

Al sacar el cuerpo de la catedral, la gente le gritaba elogios, le aplaudían, mostraban sus fotos oficiales de cuando era Presidente de la República.  El bullicio, la inmensa masa humana y hasta la misma tarde que moría como lo había hecho él un día antes ... todo confabulaba para que las emociones fueran las maestras de ceremonia.  Me acerqué a una de sus nietas, por quien tengo un gran aprecio, por quien fui al funeral, y no pude evitar decirle que, en medio de la tristeza que semejante acontecimiento propicia, la fidelidad, el cariño, la devoción del pueblo eran un regalo maravilloso, que nos recuerda la gran diferencia que podemos hacer con carisma y con poner una sonrisa en nuestra boca.

Carazo, "el macho"...lo recuerdo siempre sonriente...así lo recordaré...así quiero recordarlo.  Que descanse en paz y que su sonrisa se multiplique en los rostros de tantos costarricenses, que todos sintamos una mano tan cálida sobre nuestras cabezas como la que sentí aquel día en que por instantes lo conocí.   Que así sea. 


miércoles, 2 de diciembre de 2009

Los viajes gratuitos del View Master




No recuerdo cuándo fue pero sí como. La primera vez que ansiosamente acerqué mis ojos a ese aparto rojo me llevé tremenda sorpresa por lo que ví: una puerta que se abrió de repente dejandónme visitar mundos existentes solo en mis fantasías de niño.

A veces me doy cuenta de que invierto mucho tiempo pensando en mi pasado y poco en mi presente. Ahora, en el futuro...

El aparato rojo...muchos teníamos uno y funcionaba colocando los discos dentro de una abertura. De ahí en adelante todo lo que fuese imposible se hacía realidad. Era un caleidoscopio mágico, calma-mocosos-en-viajes-largos (o sea, yo), en citas de doctor, en fin...en toda ocasión.

Recuerdo que me fascinaba coleccionar los discos de destinos. ¿Quién dice que la realidad virtual vino con las computadoras? ¡Si el View Master era precisamente eso! Yo visité tantos lugares: Egipto, Mónaco, Sur América...Grecia, desde el momento en que pude trasladarme a la Acrópolis (en trecera dimensión era el disco, por cierto) decidí que algún día comería un poco de su tierra, en honor a la cultura que más admiro...y así lo hice, muchos años después.

Siempre quise que hicieran unos discos de View Master de Olivia Newton-John o de Sheena Easton, siempre desee tener unos de Mary Poppins. Me encantaba colarme en el mundo de Alicia en el País de las Maravillas a través de mi aparato. Mi trabajo ideal hubiese sido de Ejecutivo Diseñador de View Masters.

El domingo, ventaneando con parte de mi familia, mi hermana y yo quedamos extasiados al encontrar una nueva versión de View Masters en venta. Mi sobrino, extrañado ante tanta pompa, preguntó y le contamos sobre todos los buenos ratos que este aparato nos dio.

Para él probablemente no significa nada ver fotos en un aparato tal vez ahora irrelevante. Con tanta tecnología y tantos juegos de vídeo ha de pasar inadvertido. Pero para mí es un regresar a momentos muy felices y un jalón de orejas en dos sentidos: el primero, nada es obsoleto si se mantiene con persistencia -como el aparato, encontrado en la tienda- y segundo, todos los sueños que veía proyectados en los dos orificios del aparato aún pueden cumplirse...total, si el View Master discretamente ha sabido ser perseverante..¿Por qué no iba a serlo yo también?

miércoles, 25 de noviembre de 2009

Cinco años


Estaba en mi casa de antes, coordinando algunos asuntos con el amigo que la tomó cuando me fui.  Luego de entregarme algunas cosas mías que todavía quedaban por ahí (suelo dejar objetos por todos lados), me dispuse a marcharme.  

Al despedirnos me invitó a cenar.  "Una de estas noches", dijo.  "Cualquiera menos el jueves, porque cumple años de muerto mi papá", le respondí.  Entonces todo giró: comencé a ver el apartamento como estaba hace cinco años, miré en retrospectiva mi vida durante todo este tiempo.  La cara de Thibaut cambió de repente, ya no eran risas sino como ese miedo, esa angustia ajena que se siente tan propia cuando de la muerte de un ser querido se trata.  Entonces, yo pensé en mi papá.

Son cinco largos y eternos años desde aquel día en que una gran parte de mi vida se apagó.  La ausencia definitiva es un dolor que madura y con el que aprendemos a cargar.  Yo pienso en su sonrisa tímida, en los abrazos perdidos, en todo, todo lo que extraño y la certeza de nunca más tenerlo.

Ay papá, si existiera una manera de comunicarse, si a pesar de saber que te tengo cerca yo tuviera una respuesta tuya concreta.

Si vieras todo por lo que he pasado en estos años.  Es que todo ha cambiado tanto desde entonces.  Los chiquillos están tan grandes, tan llenos de vida.  Empiezan a vivir como adultos y es impresionante lo bien que parecen hacerlo.  El más pequeño, Ricardo, ya camina y empieza a hablar.  Pobrecito, nunca pudo conocer al abuelo maravilloso que todos los demás extrañan tanto.  Eso me duele, porque no es justo que tanto amor se pierda.

Nosotros, los hijos, no hablamos casi del tema de tu partida.  Es que la verdad, no podemos mencionarlo sin que se fracture una vez más nuestro corazón, porque es uno solo cuando de vos se trata.

Y yo... yo no paro de llorar al escribir estas líneas.  Me he quedado tan solo sin esa parte de mí amputada abruptamente.  Mi vida ha dado brincos y saltos y he cometido muchos errores en estos años.  Tal vez por ser el menor, el más rebelde, nunca pude aprender tus lecciones, sobre todo en cuanto a saber ver qué gente es conveniente para nosotros y cual no lo es.

Tuve una depresión, la primera en mi vida, también causada por no saber escoger las compañías.  De repente me vi solo, traicionado y abandonado.  Pero tus otros hijos y mi hermano de vida supieron apañarme y demostrarme que mi sufrir era absurdo ante su cariño.  Hoy, la depresión es solo un recuerdo, una lección aprendida caída tras caída.  

No sé dónde estarás, pero si existe el Cielo es todo tuyo, eso de fijo.  Dios me dio un regalo y fue nuestra despedida.  En el aeropuerto, yo me iba a un viaje temporal y vos, sin yo saberlo, al viaje eterno.  Pero te pude abrazar con todas las ganas de mi alma y darte las gracias por haber sido quien me dio la vida, quien me tuvo que enseñar a caminar tantas veces y a poner las palabras propicias en mi boca.

Aprendí alguna de tus lecciones.  Discreta y calladamente ando por la vida e intento agradecer todo lo que recibo, que es bastante.  Creo que al final aprendí a ser valiente, soy tu único hijo que está solo en el mundo, pero sé serlo.

Cada vez que tengo una situación adversa pienso en cómo la resolverías y casi siempre obtengo la respuesta correcta.  Pero de vez en cuando me rompo en mil fragmentos y es por tu ausencia.
Gracias, todas las gracias del mundo papá.  Fuiste, sos fundamental en mí y prácticamente todo lo bueno que tengo de ti lo he aprendido, qué buen maestro.

Descansa y ten la certeza de que por acá se te extraña ... en dosis interminables.

domingo, 25 de octubre de 2009

El tiempo viaja


¿Viajamos en el tiempo durante nuestra vida o es el tiempo el que viaja a través nuestro?  A fin de cuentas él pasa y las personas se convierten en fantasmas, personajes u olvido y quedan sus obras, sus acciones en el tiempo…tal vez de algunos no queda nada.

Viejas fotos nos muestran como pasa el tiempo.  Ya no soy más el niño vestido de momia para un Halloween, que pasó la vergüenza de quedar prácticamente desnudo en plena calle, pues la moverse las gazas que formaban su atuendo, aunque, en gran forma, vuelvo a serlo cada vez que recuerdo tan lamentable entonces pero gracioso ahora acontecimiento.  Imposible, no volveré a serlo.

Tampoco soy ese chiquillo que cuando jugaban todos a super héroes aparecía disfrazado de Drácula pensando que el colmilludo eterno también podría ser parte de la legión del bien.  A edad temprana cuesta dilucidar entre el bien o el mal, solo nos movemos por lo que nos atrae.  Ojalá y lográramos conservar un poco de esa fascinación que aplacan los años.

El tiempo es el viajero que carga más equipaje consigo.  Mientras él guarda todo, nosotros solo mantenemos un cúmulo de recuerdos y si la memoria nos da el privilegio podemos contar con un disco duro externo que nos permite rescatar, de vez en cuando, una que otra anécdota.

“Como el tiempo pasa, envejeciendo todo”, dice una hermosa y triste canción; y yo pienso “todo lo cambia el tiempo”.  Los amores, las pasiones, las tristezas, lo que somos, lo que hemos sido y lo que seremos.  Cuántos amores besaron mi boca jurando ese amor indisoluble, cuántos elogios, piropos y promesas se quedaron en la aduana de las emociones pasadas, sin ser nunca más reclamados.

Cuántas personas ha dicho lo maravilloso que puedo ser, lo indispensable, ya no solo como amores sino también como amigos.  ¿A dónde se han ido?  ¿Cómo serán las vidas de aquellos que me confiaban hasta el más íntimo de sus secretos?  ¿Quiénes pondrán sus cabezas sobre las camas que fueron mías, tronos que coronaban la devoción que sentía por el objeto amado?  ¿Quién se sienta en las sillas que fueron mías, quién besa aquellas bocas con contratos de dedicación exclusiva a mi pasado? 

Tal vez todo se resume en una corta, contundente y definitoria frase que una vez me dijo una amiga a propósito de los amores, los furores, los ardores y las pasiones: “Tanto esfuerzo, tanta locura por un simple calambre”.  Sí, el amor es un calambre que puede durar poco o mucho, pero que siempre cuenta un final.  Yo ya he contado muchos…quién sabe cuántos más he de contar.

miércoles, 9 de septiembre de 2009

El viaje eterno del niño


Hay un niño que construye un volcán de barro en medio de un parque nacional que solo existe en su patio. La idea es colocar un "triqui-traque" en la cima, de modo tal que explote y la erupción genere una noticia para una población de muñequitos de Fisher Price.

Otro niño es más orientado a la construcción y el diseño. Construye una piscina, en escala perfecta, para una adinerada familia, también de Fisher Price.

El primer niño soy yo: hoy periodista. El segundo, mi hermano: hoy arquitecto.

Existe un grupo de niños que juegan de todo lo que miran a su alrededor: procesiones, concursos de belleza, películas y hasta noticias. Los recursos solo se ven limitados por la imaginación: paños hacen de túnicas, vestidos de bruja cubren a una Vírgen dolorosa y hasta el chaleco le sirve al Nazareno. Un pequeño carrito de bomberos sirve en abril para transportar al sufrido hijo de Dios como carroza, mismo que en verano servirá también como carroza del desfile de las rosas, pero con bouganvileas.

Unos niños patinan como expertos al ritmo de Xanadu, recreando las coreografías de la película en cada movimiento, según ellos. Bailan en una disco que no tiene la famosa bola de espejos sino una de playa con Snoopy, pero no importa, funciona igual. El efecto de cámara lenta se logra proyectando un foco contra un espejo; frente al cual uno de los niños baila frenéticamente. El hielo seco lo proporciona un envase de Lysol y la música: Donna Summer, Barbra Streisand, Andy Gibb, Olivia Newton-John, Sheena Easton...toda la constelación de los ochenta.

Cada vez que bailo alguna de esas canciones, hoy día remasterizadas o como covers de algún artista contemporáneo, soy de nuevo uno más de esos chiquillos que sabían pasarla tan bien. Entonces, me doy cuenta que esos niños siguen ahí bailando, patinando, haciendo una lectura diferente a la realidad con sus propios medios. Ellos y ellas se quedaron para siempre capturados en esos instantes eternos. No importa que las casas ya no existan, que las aceras ya no las crucen, no importa la edad ni el tiempo ni los muertos...todo sigue ahí y seguirá recreándose por siempre.

Estos pequeños se montan en un avión imaginario para viajar a España, Mónaco -a encontrarse con mamás ficticias (léase Grace Kelly)-, Nueva York, París, o hasta a Egipto con la esperanza de un hallazgo arqueológico -tenedores, no cualquiera sino de plata, los más finos, enterrados en el patio- o una Cleopatra que sea igualita a Liz Taylor. El avión es la escalera, pero vuela, porque en sus mentes no existe la palabra imposible y la imaginación es el motor que impulsa cada uno de sus viajes.

A mis hermanas y hermano, a mis primos y primas, a uno que otro amigo como Jeannette -que aunque en patines de mariposa patinaba, ja,ja- y a todo aquel que supo potencializar al máximo esa etapa maravillosa de la vida, de la cual todavía no logro desprenderme: la niñez. A todos ellos y todo el que lea estas palabras les recuerdo: no olviden su niñez, que buena o mala es mucho lo que somos hoy y guarda las respuestas para muchos de nuestros problemas o indecisiones.

domingo, 30 de agosto de 2009

40




Gracias Dios, por todo lo dado en mis años de vida: desde las Advil hasta las pastillas de violeta, desde Grace Kelly hasta Sor María Romero, desde quien rompío en mil pedazos mi columna hasta quien la repara con paciencia y afecto...Desde la madre que me parió hasta todas las sustitutas que me han amado.

Como dice Carlos, por la Pepsi light, que ni siquiera ha hecho daños en mi organismo, por esa mujer peronista llamada Eva, que me enseñó, sin conocernos, que el mundo no es la Guerra de los Trapos y a amar a las personas humildes y auténticas. Gracias por las conversaciones con la Poniatowska, con Chavela, con Sergio Ramírez…Pero también por aquella mujer tan sencilla, tan bajita y tan sola en este mundo que se llama Leonor y cuyo mejor regalo para mí era cocinarme las cosas que tanto me gustaban. Quizás ella nunca sabrá que me dió una gran lección: me hizo ser consciente de la importancia de rendir tributo a quien se quiere a través de la cocina. Nunca olvidaré el abrazo más sentido el día más triste de mi vida…y fue ella quien me lo dio.

Gracias Dios por los padres que me trajeron acá. Aunque siempre me dolerá la ausencia de papa, él está cada día más cerca de mí y en cada tango anuncia su presencia. Gracias por Endora, difícil de enterder de aquí a la eternidad, pero quien de sus excentricidades e indiferencias me mostró lo mejor de la vida. Hace poco ella me demostró lo mucho que me comprendía y ese fue un gran regalo.

Gracias por mis hermanos, mis pilares. Cada uno en su mundo, todos tan distintos, pero todos tan unidos, tan solidarios. También por mis tíos y tías, por todos. Tía Betty, que supo ser madre cuando la mia no sabía serlo, tía Albita que me dió horas con la Piaf y la Streisand, por tía Teresita, que siempre ha sabido estar ahí a mi lado, ser no solo madre sino también maestra; y por tío David, quien siempre fue un poco padre y ahora que el mio no está se ha convertido en su mejor complemento. Ni hablar de los sobrinos, ellos son la luz de mi vida.

Mis amigos, vivos y muertos son mi tesoro. Yolanda y Eunice, muertas pero siempre conmigo y todos los demás que no podría mencionar por espacio. Pero todos saben que los amo y hago por ellos lo que un hermano de humanidad hace…y aún un poco más.

Los amores…algunos han dejado poco, otros mucho y algunos nada. Pero todos fueron importantes, incluso quien más me hizo sufrir me enseñó tanto de sus cualidades y defectos: desde admirar su inmensa capacidad de superación, su don de dar amor hasta su repudio a mis enfermedades, que hacia al dolor más fuerte; hasta sus malas compañías que me mostraron que mi lugar no estaba a su lado, que yo era más que la basura que ellos sustentaban y la inmundicia en que vivían y se revolcaban: la Guerra de los trapos, de nuevo. Gracias a ellos puedo decir que soy todo amor para la gente buena y todo desprecio para los superfluos, porque ser vacío nos despoja de mucha de nuestra condición de humanos.

Yo soy todo lo que agradezco…o intento serlo. Dios mediante, Dios delante y yo atrás guiado por la mano de esa monjita que logró cambiar mi vida para bien.

40 en mi mejor momento…una cabeza parece asomarse ahora a mi lado y en ella veo mi complemento. Alguien que también es lo que yo agradezco.

40…ha sido verdaderamente importante pasar por estos lares. Los he vivido a plenitud, de extremo a extremo. No sé hasta cuándo me tendrás por acá Dios, pero lo vivido lo bailado –aunque mal-, lo reído, lo llorado, lo bueno, lo malo…todo me ha ayudado a ser un humano comprometido con la humanidad…alguien que solo procura vivir agradecido y agradeciendo.

viernes, 31 de julio de 2009

Tranquilo viejo, tranquilo












Mi vieja amiga virtual Ana Laura, mejor conocida como Tita Merello (1902-2002), pareció hablarme o mejor dicho cantarme el otro día, por supuesto desde el más allá.
Llego a la casa y entro como tropel de locos, con el estrés coronando. Buscando bajar la tensión me entrego en el refugio de mis brazos más protectores: la música. Tita que sale y empieza, ella siempre tiene la virtud de cautivarme al punto de ponerme a reír a gritos y llorar a berridos conforme cambia de canción.

Ella no solo era cantante sino también actriz. Por eso, su calidad interpretativa es tan grandiosa, tan cautivante, que yo me atrevo a llamarla “la Marlene Dietrich latina”, si es que los argentinos me dejan considerarlos hijos de América, por más influencia o influenza europea que tengan.

Yo intentando bajar el estrés y Tita susurrando a mis oídos: “La vida es corta y el pasarla a te de tilo, preocupado y con estrilo, ché, me parece que es atroz”. Cierto, ciertísimo, no más que yo me trago el te de menta, cuatro en un día y 5 tazas de café negro y sin azúcar (o sea, buen cariñito le hago al cuerpo). Ni hablar de los cigarrillos.

“Es un siglo de aspirinas, surmenajes y de locos”. Correcto, sean Advil (las favoritas de mi familia), Dorival o cualquier antibiótico, ahora tomamos calmantes (ja,ja) para todo. Ni hablar de las alergias: hoy resulta que existe gente alérgica al cigarro, lo cual me hace preguntarme cada vez que enciendo uno: ¿Dónde estaban en los 70, cuando todo el mundo la quemaba y nadie tenía ni la más mínima reacción? ¿Será acaso que tanta aspirina nos ha hecho más débiles?

“Tranquilo viejo, tranquilo”, canta con una voz híper-paciente. Sí, creo que esa voz debería retumbar constantemente en nuestras mentes para llamarnos a la calma. Es que es tan fácil perder los estribos hoy, volverse loco en un instante. Ruido, mucho ruido nos rodea. Tanto que ahorita tengo a un italiano hablando a gritos a mi lado y escucho los alaridos de otra gente no tan lejos. La gente hoy se comunica a gritos, todo es ruido. Hasta la música: entre reggaetón y electrónica, la cantidad de sonidos y decibeles es más de lo que un oído humano puede soportar y, sin embargo, los aguantamos.

La canción suena una y otra vez. Para mí esto es cátedra. Ya más calmado tras la reflexión originada por Tita, fumo un cigarro (sorry por los benditos alérgicos, pero ellos no pagan mi renta) y la escucho coronar su final veraz, crucial: “Suprimí las disparadas y acercate a la razón, sofrénate y acordate que tenés un corazón”.

Ana Laura, Tita: gracias por ser uno de mis mejores calmantes sin efectos químicos, sin ingredientes artificiales, sin ruidos aniquilantes y sobre todo gracias por darme mi mejor medicina: la pasión, que me inunda cada vez que te escucho.

miércoles, 22 de julio de 2009

Lágrimas en el país más feliz del mundo


Y ahora resulta que el informe Happy Planet revela que el nuestro es el país más feliz del mundo. Entre 143 paises, los ticos nos jactamos de vivir la filosofía de “Pura Vida”, que aterrizándola en la vida diaria pareciera sacada de una caja de cereal.

La organización británica The New Economics Foundation, que elabora el mentado reporte, utiliza tres variables para la calsificación: esperanza de vida al nacer, nivel de satisfacción que expresan los habitantes del país y prácticas ecológicas.

En cuanto a lo viejos que nos morimos, parece que los datos son acertados -78.5 años-. Pero no se qué beneficio tendrá vivir más pero con menos cada vez: dinero, calidad, atención, afecto, esperanzas… la lista puede ser interminable, sin dejar de lado la salud.

Con referencia a la satisfacción mostrada …Bueno, debo decir, en un influenciado lenguaje al estilo de Yolanda Oreamuno, que los ticos expresamos una realidad y vivimos otra. Nos la pasamos quejando de todo pero a la hora de dar declaraciones parecemos empleados del ICT: todo es bello, perfecto y hasta incluso podríamos mentirle al turista y hacerle creer que comemos tortillas palmeadas cada día y no la plástica tortirica. Igual tendríamos la desfachatez de asegurar que aunque vivamos en un condo de lujo, conservamos las tradiciones y la mentalidad de vida en la casona de adobe.

Como pocos, vivo en el mero centro de San Jose. Como muchos, soy testigo de la cantidad creciente de niños que deambulan por las calles, la gente que pide limosna –que nombre mas elegante-, los indigentes, la droga consumida a vista y paciencia y, por supuesto, la inseguridad ciudadana. Hablando de esto último, hace dos días escuche disparos cerca de casa y me encontré con la sorpresa de un pobre crisitano baleado en el suelo, que para muchos pasaba a ser parte del paisaje, porque para colmo el “pura vida” no contempla ser solidario ni compasivo.

¿Prácticas ecológicas? ¿Cuáles? ¿Alguna vez han intentado reciclar su basura? Si es así, sabrán entonces lo que cuesta conseguir a alguien que se encargue de recogerla. Vayan a la isla de San Lucas y verán a donde van a parar los desperdicios del Valle Central o bien piensen en el tratamiento que se da a la basura tecnológica. Estos son solo unos pocos ejemplos, de nuestra conciencia ecológica gourmet.

No entiendo, seré pesimista o lo que quieran, pero las buenas noticias cuando son falsas no pueden ser agradables. ¿Por qué siempre nos hemos empeñado en mostrar un estilo de vida que no es nuestro y que no podemos pagar? ¿Es eso importante, vital o soy tan solo un comunista -dicho sea de paso, obsoleto- que no entiende por qué es vital llevar una bufanda Armani por donde se vea la marca en un país tropical como el nuestro. O por qué hacernos "sabiondos" sobre el vino y pretender hablar contundentemente, con autoridad al respecto cuando venimos de “ay pa entro” y nos criaron a punta de agua dulce.

Hay algo podrido acá y esto no es Dinamarca, sino el país que tenemos y el que pretendemos mostrar, muy diferentes por cierto: uno hecho con ingredientes autóctonos, auténticos y naturales y el otro hecho de plástico, tetas de silicona, una farándula sin talento y un gallinero de nuevos ricos que nunca entendieron que para vivir con garbo no solo se necesita el dinero, hay que prepararse sin perder lo que uno es y ha sido. Como dice el dicho: “La mujer del César no solo debe de serlo sino también mostrarlo”.

Vivimos ahora en un país desigual, muy desigual, donde hay llanto, hambre, violencia, necesidad. La gente más afectada ya empezó a reventar, porque ya no hay pan, ni quedaron galletas, pero sí muchas Maria Antonietas que se niegan a ver la realidad de la patria, que dicen amar a su país pero no hacen nada, ni siquiera pensar que esta vida es un sube y baja y que hoy están arriba pero mañana, no más mañana, podrían volver a estar abajo.

sábado, 27 de junio de 2009

El "trip" de Marta Fonseca


Noche de viernes.  Gracias por la compañía.  Ella es una de mis más recientes obsesiones artísticas.  Jazz Café de San Pedro, diez de la noche.  Sube al escenario y de inmediato el ambiente se electriza con su voz.

Yo espero con el más fanático de los presentes a que cante Como Quisiera, un regalazo de canción de su álbum como solista. “Como quisiera escapar de mi…y ver todo desde ahí”.  La letra hace referencia a cuando todo ser humano se hastía y desea salir de su propio cuerpo para ver la vida a como la ve Dios, desde donde esté. La canta y mis sentidos se fusionan con su voz, con ella.

Por dos horas y con una excelente banda, Marta Fonseca da todo por dosis, canción por canción.  Un artista nunca puede imaginar lo gratificante que es expiar cansancios, estrés, tristezas, dudas…en fin, la vida misma a través de su arte.  Sin saberlo, Marta me acompañó, me arrulló con sus canciones durante una nefasta y reciente depresión (la primera de mi vida), haciendo mi pena más leve, más soportable.

Lo mejor – y se lo dije-, ella tiene algo que solo lo había visto antes en la maravillosa Julita Cortés y es que al final de cada pieza, al dar las gracias sonríen como niñas, incluso pareciera que se “chillan”.  Aún existe la magia en algunos seres humanos.

La explosiva belleza de la voz de Marta se complementa con su también explosiva belleza física y si a esto le agregamos su simpatía entonces escucharla es un absoluto deleite. Ni hablar de lo que significa conocerla.

Los artistas hacen la vida más soportable, más agradable.  Creo que de hecho son los que sostienen al mundo.  Gracias, Marta, por sostener con tu voz este querido pedacito de planeta del que todos nos sentimos orgullosos de ser parte. Gracias por ser nuestra.

martes, 5 de mayo de 2009

El vuelo de los abejones


Vino mayo y con el mes los abejones empezaron a volar a mi alrededor, como vaticinando una señal de cambios.  Es extraño, ellos se impulsan a volar así como así, si siquiera saber como hacerlo.  Van y lo hacen, simplemente.

Y yo, yo tengo miedo de tomar ese primer impulso que durante tantos años de letargo no he tomado.  Yo tengo miedo de volar, de hacerlo solo. 

Tantas veces he querido volver a ser aquel niño que leía por horas, que escuchaba música todo el tiempo, que jugaba a cómo sería su vida de adulto…Casi nada ha ocurrido de aquellos planes y lo poco que ha venido se ha desvanecido entre mis buenas intenciones, siempre demasiado ilusas, inocentes y la mano de otros, que vinieron con flores y se llevaron los pétalos deshojados, dejándome solo las espinas. ¿Será que si siembro las espinas estas algun día floreceran?

Mi amigo Alfredo dice que soy una de las personas menos vengativas que conoce.  Ja, eso no me causa orgullo, hoy no.  A lo mejor si hubiese alguna vez, tan solo una, vengado los daños irreparables que cargo mi vida sería mas justa, mas apacible.  Pero no puedo, no soy fuerte sino muy débil y ya no puedo cambiar.

Cambios me traen las lluvias, cambios de mí para mí, conmigo mismo.  Debo enfrentarlos, darles la bienvenida a que ocurran, dejarlos ser, dejarme ser en ese intento que llamo vida, tan gratificante y tan frustrado como una sola gota de agua para calmar la sed.  Debo tomar la gota y conformarme con lo que venga.

Los últimos años estan cargados de adioses.  ¡Cómo odio los adioses!  Y ellos siempre acompañan a los cambios.  No me gustan las despedidas.

El otro día alguien me dijo que yo era la versión masculina del personaje de Audrey Hepburn en Breakfast at Tiffany's.  No supe si tomarlo como cumplido o insulto.  Resulta que ella no sabe quién es ni hacia donde va.  Pero como ella, suelo ver la vida que imagino, la que creo perfecta a través de ventanas.  Como ella desayuno algo light mientras veo por la ventana.  Tal vez sea hora de quebrar la ventana y entrar.  Tal vez este sea el momento oportuno para hacer, como Holly Gollightly, las cosas que nunca he hecho y enumerarlas, recordarlas.  

Tal vez los abejones de mayo me llaman a solo tomar impulso y lanzarme a volar.

 

lunes, 20 de abril de 2009

Noventa


Conozco a Chavela Vargas.  La encontré al perseguir una voz que me cautivaba, por acto de la casualidad o del destino, hace varios años.  Al vernos cara a cara e intercambiar algunas palabras, decidimos ser amigos.  Y así ha sido desde entonces. 

Conozco a Isabel Vargas.  Ser su amigo requiere más tiempo y más pruebas que en el caso de la cantante, pero la conocí a través de su alter ego.  Con ella he pasado de todo, risas, carcajadas, penas, alegrías, emergencias y terapias, para las cuales es una maestra por su experiencia.

Conozco a ambas.  Una da el alivio de no sentirse solo en este mundo a través de una unidad hilada por canciones, por lamentos, por una calidad interpretativa irrepetible.  

Es mi mejor psicóloga y la suprema sacerdotisa cuando canta.  La otra es un ser humano de calidades excepcionales y una sensibilidad que puede  conmover hasta al más férreo enemigo.

La fusión de ambas es la mejor que he descubierto en una persona.  Una sonrisa en su rostro borra cualquier amargura y un lamento de ella supera con creces el de cualquier otro compañero de humanidad.  Por eso vale, porque reúne en un so

lo cuerpo todas las expresiones del mundo.

Chavela logró burlar al tiempo y a todos los que la despreciaron por ser distinta, auténtica.  Ya tiene 90 años.  También ha logrado demostrar algo: como la procesión, la guerra por la justicia también se lleva por dentro.  Si es causa justa, como en su caso el Arte, la vida y el tiempo mismo nos recompensan y nos hacen mirar atrás, no para convertirnos en estatuas de sal, sino ver los sepulcros blanqueados y los cementerios de la intolerancia ajena.

Felices 90 Chavela.

 

martes, 31 de marzo de 2009

I wish you love



Marlene Dietrich, la gran actriz alemana, también cantaba.  No tenía ni la voz de la Callas ni la de Sarah Brightman o Annie Lenox, para hablar de tiempos modernos.  Pero, como Chavela Vargas, la calidad de su música radica en la interpretación más que en sus potestades líricas.

Muy humana, tal vez demasiado, la Dietrich cantaba evocando y muchas veces hasta llegaba al llanto.  Hace unos días volví a encontrar algunos de sus discos, guardados en alguna parte y de nuevo me "enfriebré" con Marlena, como muchos la llamaban.  Entre sus canciones hallé una que en particular me llamó la atención, porque habla de perdonar, dejar ir, o aceptar el fin de un amor o la ilusión de éste.

Amar suele ser un tema de dos, pero muchas veces no nos aman y se convierte en una calle de una sola vía.  Entonces quien decide irse deja al otro minimizado, mutilado, solo.  Una depresión por amor puede equipararse a llevar una corona de espinas constantemente, a cargar una pesada cruz, a querer convertirse en Níobe, una figura de la mitología griega que fue transmutada a una catarata para poder llorar eternamente la pérdida de todos sus hijos.  El amor es un hijo: lo vemos nacer, crecer, reproducirse y en algunas ocasiones hasta lo vemos morir.  Dicen que no hay dolor más grande que la muerte de un hijo...bueno, la muerte de este hijo virtual también duele.

Tras una depresión de afecto es muy difícil intentar compensar la pena.  Conocer gente nueva, rehacer la vida es volver a aprender a caminar.  Pero si abrimos bien los ojos y si tenemos suerte la posibilidad de querer vuelve a aparecer en nuestra vida.  Así sucede, así me ha pasado, así me sigue ocurriendo en efecto múltiple.

Con su canción, la Dietrich quién sabe a cuántos amores perdonó, o mejor dicho, cuántos capítulos de amor logró exorcizar, cerrar.  Con su voz, con su palabras, pude sentir el alivio de dejar ir a la figura amada, o espantar el humo de esa ilusión tan volátil del amor que pudo haber sido o tal vez nunca fue.

Sin resentimientos, sin lástima, sin dolor ni negaciones ... Así es mejor dejarte ir y caminar por el mundo, tomar los aviones que debas hasta que encuentres tu verdadero destino final y que tengas siempre la certeza de que en verdad te amé y no poco sino demasiado.  Pero mejor que lo diga Marlene:

I wish you bluebirds in the spring
to give your heart a song to sing
and then a kiss but more than this
I wish you love.

And in July, a lemonade,
to cool you in some leafy glade.
I wish you health but more than wealth
I wish you love.

My loving heart and I agree
Now i'ts the time to let you be
so with my best, my very best
I set you free.

I wish you shelter from the storm,
a cozy fire to keep you warm,
but most of all,
when snowflakes fall
I wish you love.


lunes, 9 de marzo de 2009

El valor de una vida



Ocurrió el martes anterior.  Fui con mi amigo Augusto -de visita en el país- a la Galería Nacional.  Le comenté que me interesaba ver una exposición sobre personas a las que les arrebataron la vida por actos de violencia e irrespeto a sus derechos vitales.

Al ingresar al salón me impactó ver fotografías en gran formato de 15 víctimas, una breve semblanza de su vida y algún objeto simbólico de la causa de su muerte.  Una mujer se acercó a saludarme y yo, la verdad, ya estaba suficientemente conmovido como para socializar.  Pero no quise practicar ninguna grosería y me presté a atenderla.

Lorena es la madre Sergio Pablo, un joven que murió debido a la acción irresponsable de un conductor ebrio.  Conforme ella me contaba la historia y lo difícil que es sobrellevar una tragedia como esta, yo no hacía más que mirar alrededor y fijar mi mirada en la foto de su hijo.  Quería tirarme al suelo y llorar como probablemente alguna vez lo hice de niño, quería que apareciera un ángel y me explicara por qué estas muertes suceden.  Quería ser un mago o un dios y tener la potestad de devolver la forma física a su hijo, porque él todavía está a su lado.

Augusto hablaba con Roxana, cuyo único hijo murió al ser víctima del robo de su celular, justo en la puerta de su casa.  En un momento lo miré y vi que lloraba.  Para ese entonces los dos ya estábamos bastante conmovidos y las lágrimas saltaban de los ojos de ambos.

Una visita que puede hacerse en unos 20 minutos a nosotros nos tomó cerca de una hora y media.  Al salir, nos preguntábamos cómo un ipod, un celular o unos cochinos tragos de más pueden cerrar para siempre los ojos de alguien y cegar la vida de sus seres queridos.

También nos preguntábamos cómo era posible que en Costa Rica no se hayan tomado en serio el tema de la seguridad.  ¿Cómo un presidente, ganador de un cuestionado premio de Paz, pudo dar la dirección del Ministerio de Seguridad a una señora que del asunto parece no saber más que mi mamá, que es pintora?

Háganse un favor si se consideran patriotas.  Vayan a visitar El valor de una vida.  No es la exposición más bella que haya visto, pero sí la más impactante.  Quince personas están allí para recordarnos nuestro deber de hacer algo para cambiar tan negro panorama.  Contacten organizaciones como Recuperemos la paz.org o Justicia y paz.  Yo humildemente ofrecí a Lorena cualquier ayuda que pueda dar.  Si todos damos o hacemos algo las cosas pueden cambiar.  

Roxana y Lorena perdieron a sus hijos y eso es el peor dolor que una madre pueda experimentar.  Pero están ahí, dispuestas a no perder la esperanza de recuperar la seguridad ciudadana, poniendo sus vidas como estandartes.


lunes, 2 de marzo de 2009

El "calorcito" de mi padre



Ocurrió hace algunos días: me regalaste una noche a tu lado.  Para mí eso es el mejor regalo que me podés dar.  Gracias a Dios hacía frío y eso motivó a dormir más abrazaditos, como me gusta.

Por la mañana te levantaste y te fuiste a hacer café.  Otro regalazo porque no funciono sin la gran taza de café negro que religiosamente tomo al levantarme.  Entonces sucedió:  de manera instintiva, en ese lapso entre estar dormido y despertarse, me volví hacia el espacio en la cama que habías recién dejado, para aprovechar el calorcito de tu ausencia inmediata.

Lo hice y lo disfruté sin ser consciente del recuerdo, que me cayó de repente en un momento del día.  Esta es la explicación:  cuando era niño -que todavía lo sigo siendo en algunos aspectos-, solía esperar al momento en que mi papá se levantaba para correr a consumirme entre las cobijas que él recién había abandonado.  A mi mamá, que usualmente seguía en la cama como por una hora más eso le molestaba, pero su enojo a mí ni me inmutaba -que mocoso más malcriado-.

Sentir su calor en la tibia cama era mágico.  Era como sentirlo arropándome, abrazándome, era tenerlo para mí solo.   ¡Me encantaba!

Tener tu calor en las sábanas, en la almohada, en la cama, sabiendo que te había tenido a mi lado toda la noche, fue volver a experimentar toda esa magia.  ¡Fabuloso! -la palabra que según mi mamá más digo-.

Ahora me pregunto:  ¿Por qué luego de tantos cuerpos que han dormido a mi lado solo con vos ocurrió esto?  ¿Por qué cada vez que estamos solos siento que la ropa tiene su lugar pero no precisamente en nuestra intimidad?  ¿Por qué cada beso que me das engrosa mi mejor colección de estampillas?  ¿Y por qué las pastillas de violeta saben mejor cuando vienen de tu boca?

¡Que vengan más pastillas de violeta, que venga menos ropa y más intimidad y que pueda seguir disfrutando de la magia de tu calorcito!

lunes, 23 de febrero de 2009

Adicto a los besos con Sinatra







Gracias por venir.  Era necesario que estuviéramos en un espacio cerrado e íntimo.  De hecho, esa necesidad la experimenté desde la primera ocasión, hace escasos días, en un restaurante.

Además, como ya sabrás, para mí es importante rendir tributo a quienes estimo a través de la comida.  Cocinar para mí es un acto de dedicación, de afecto.  En un mundo tan indiferente me parece significativo tomar tiempo para preparar algo para una persona especial.  Y la cocina cumple con ese cometido, más aún cuando se acompaña de buena música.

Gracias por el vino.  No lo pudimos tomar porque el sacacorchos se atoró, pero verte llegar con ganas de estar conmigo me inyectó ganas de vivir, así de simple.

Canción tras canción, cantante tras cantante fuimos acercándonos, conociéndonos un poco más.  Hacía tanto tiempo que nadie cantaba conmigo a Barbra...Salvo mi amigo Carlos, el fan número uno de Olivia Newton-John -debo humildemente reconocer que me ganó-, no existía, hasta que llegaste, nadie con quien realmente disfrutar, saborear alguno de sus álbumes -Indigo, women of song-.

Pero fue el rey, el verdadero, Frank Sinatra, el que nos acercó.  Probar o robar un beso tuyo con mi papá musical al fondo fue una indulgencia deliciosa.  Ya comerte a besos sin parar, con Sinatra cante y cante fue un regreso a territorios abandonados hace ya mucho tiempo.  Y como dijo Martirio en una de las canciones: "Uno vuelve siempre a los viejos sitios donde amó la vida".  Gracias por llevarme ahí de nuevo.

También gracias por haber aceptado compartir cama y sueño conmigo.  Tenía tanto miedo en proponerlo pero el primer abrazo al caer rendidos me hizo darme cuenta de que el riesgo valió la pena.

Gracias por todo.  Gracias por haber venido y quedarte en la cama, en la camiseta, donde de alguna manera todavía estás.  Gracias por esos fetiches.  Pero sobre todo, gracias por recordarme que todavía puedo ser adicto a los besos, cuando los da una boca deliciosa y también honesta.

sábado, 21 de febrero de 2009

¿Qué es peor: la traición o la mentira?







Algunos cuestionamientos vitales surgen inesperadamente.  Hablaba con mi amiga Aisling sobre nuestras bajas en el campo de batalla amoroso y en medio de nuestra usual competencia por quien tiene la palabra el flechazo me pegó.  Le hice la pregunta que da título a esta entrada:  ¿Qué es peor: la traición o la mentira?

Entonces, como Esteno y Euríale nos metimos de clavado de competencia en el tema.  Ella hablo de lo suyo, que me lo reservo porque no me pertenece, y yo hable de lo mío, que lo expongo con el afán de incrementar la incipiente educación amorosa de que todos sufrimos.  Medusa brilló por su ausencia, tal vez hubiera logrado aclarar el asunto o bien, nos hubiera dejado a ambos petrificados, como suele hacerlo.

A mi me han mentido una y mil veces.  Con la mano en el corazón a la gente que amo le he mentido muy pocas veces y siempre ha sido por su propio bien, no el mio.  Noble, precavido o estúpido.  Pueden ponerme cualquier calificativo que gusten, porque yo mismo no sé como juzgar este comportamiento.  De hecho, creo que de todos mis “amores” solo existe hasta la fecha uno que no me mintió nunca e, irreverente naturaleza humana, fue casualmente a quien menos quise.  

Ya lo dije, he sido víctima de la mentira de un amor en varias oportunidades y siempre, tarde o temprano sale a flote y por más buena coartada queda al descubierto.  Pero si uno intenta no vivir con la mentira ser su presa gracias a alguien duele, pero se puede superar.

Ahora, con la traición, que yo sepa, me han pagado solo una vez.  No importa hace cuánto, porque yo mismo no lo se, pero para mi es como matar a un vampiro con pequeñas estacas de fósforos, lenta y gustosamente.

Extrañamente en nuestra sociedad todavía machista, la traición es un arma de doble filo.  Por una parte, hay quienes apoyan a la víctima y le invitan a hacer lo que hay que hacer, lo indiscutible: terminar, cortar por lo sano.  Pero por otra parte, quien traiciona, quien pone los cuernos goza de todo el reconocimiento social.  Es valiente, sabe romper con lo tradicional y hasta visto como obsoleto e incluso se torna mas sexy para quienes piensan que la infidelidad es sinónimo de glamour, de un potencial sexual desbordado, de pasión.

Yo no quiero mentir, no quiero traicionar ni nunca he querido que lo hagan conmigo.  El amor no solo es un asunto de cama.  Es un compromiso, es un deseo de construir un plan de vida conjunto, la ambición de prolongarse en otra mirada, en otra cabeza, que ojalá duerma todas las noches junto a la nuestra.

Cuando pienso en una pareja de traicioneros juntos me pregunto: ¿Podrán recostar sus cabezas tranquilas sobre la almohada cada noche?  ¿Quien podrá más?  ¿Sobre qué se construye su relación?  Será acaso una pugna sobre quién cuenta más infidelidades?

Cuando pienso en una pareja que construye su unión sobre cimientos de traición, sobre romperle la vida a un tercero, pienso que yo no hablo ese idioma, prefiero quedarme con mi Esperanto de lealtades y verdad.

Traición y mentira...Si no son hermanas al menos son primas.  Se llevan de maravilla, pero como dice un viejo tango: "Usted aquí no me entra".

lunes, 16 de febrero de 2009

Tallos y espinas o las rosas de Morticia



Es sábado 14 de febrero, día de San Valentín, del amor, de los enamorados y de la amistad.  ¡Qué invento!

Esperada y querida por muchos, la fecha también despierta odios por otros -número significativo-.  Para mi es un día aciago.

Gaby al teléfono, me invita a una reunión.  Agradezco tan noble gesto de amor y confirmo mi asistencia.  Acto seguido:  quedo con Fabiola de ir juntos.  Nos encontraremos a las 7:oo p.m.

Pasan las horas, salgo del trabajo, deambulo por las calles para hacer tiempo y, de repente, lo que suele parecerme indiferente me golpea.  Con un cargado acento kitsch hollywoodense presencio la toma de la ciudad por parte de los enamorados.  Unos corren para no llegar tarde a la cita, con cajas de chocolate bajo el brazo, otros con rosas rojas -que hoy particularmente las detesto-, parejas tomados de la mano, abrazos, besos.  En fin, un tsunami de expresiones de amor me envuelve mientras inunda mis pensamientos.

Mi mente atrofiada decide activar dos válvulas de escape: las lágrimas, que ahora explotan de mis ojos en media calle, y un fuerte dolor de cabeza -porque yo quiero con la cabeza, ja-.

Lo obvio: llamo a Fabiola, le explico y cancelo.  Corro a casa , el hogar que en noble acto de amor, de amistad, Alejandro me ha dado.  Si no hago esto busco a alguien y repito la escena en que Carrie Bradshaw -para ser hollywoodense en un día tan cursi- agarra a "rosasos" a Mr. Big, llenado la calle de pétalos rojos pero no de pasión de amor, sino de decepción e ira.

Ya en la cama intento dormir, pero el tema es recurrente.  Pienso en las "benditas" rosas rojas y en quien putas diablos las habrá "canonizado" como emblema del amor.  Entonces recuerdo a mi amiga de infancia Morticia Adams.  Aunque un poco rara, una mujer con un gusto exquisito.

Tisha tenía un modo muy particular de colocar sus flores favoritas, las rosas.  Cortaba los pétalos y ponía los tallos y espinas mutilados en un florero.  Entre más espinas tuvieran, más le gustaban.  Pienso en la satisfacción que mostraba cada vez que "arreglaba" sus rosas.

Al borde del ocaso de esta nefasta fecha pienso que debí haber honrado la memoria de Tisha y haber comprado rosas rojas; de mi para mi, y colocarlas a su estilo.  Así hubiera también honrado mi memoria y recordarme que aún cuando el amor se corta quedan el tallo y las espinas y en ellos también hay mucha belleza.

Mientras divago alrededor de las pinches rosas y la puta fecha, al fondo Madeleine Peryoux canta de desamores:

"Sticks and stones may break my bones.
But tears don't leave any scars,
so I'm all right, I'm all right.
I've been lonely before"

"Los palos y las piedras pueden quebrar mis huesos.
Pero las lágrimas no dejan cicatrices,
así que estoy bien, estoy bien,
he estado solo antes".