jueves, 16 de enero de 2014

Santuario del Derecho


1949.  Avenidas 6 y 8, calles 17 y19, barrio González Lahnman.  Llegó puntual, como muchos otros, a su primer día de clases.  Llevaba consigo un pequeño y sencillo maletín de mano, comprado con mucho esfuerzo, que ahora estaba a punto de reventarse pues estaba lleno de ilusiones profesionales, que llevarían a realizar tantas otras personales.  Era joven y se llamaba Rodrigo; entonces no lo era, pero desde hace varios años es mi padre.

Como él y con él, muchos costarricenses pasaron largas horas de sus vidas cobijados bajo ese techo y dedicados al estudio de la Justicia, quemando pestañas, gastando muchas hojas de libros y cuadernos, discutiendo, deliberando, en fin, preparándose para defender los derechos y deberes de los ticos.

Quizás el viejo edificio que albergaba a la Escuela de Derecho no significó mucho para algunos de sus estudiantes, a fin de cuentas era solo una estructura y nada más, donde los futuros abogados se instruían y eso era todo.  Con el pasar de los años la Universidad de Costa Rica, creada en 1941, se trasladó a su actual espacio, en San Pedro de Montes de Oca, por ahí de los años 60.

La “Casa de los Abogados” quedó entonces vacía, sin más lecciones, sin profesores ni alumnos, sin más tránsito, sin más intelecto.  Permaneció así por un tiempo y luego volvieron algunos estudiantes de Derecho a recibir lecciones de Medicina Forense, pues por un tiempo la morada de las leyes se destinó a morgue.

Sí, hubo muchos que olvidaron aquella construcción y le arrancaron todo valor emotivo e histórico.  Con el tiempo el inmueble empezó a deteriorarse y la Corte Suprema de Justicia –que entonces tenía la propiedad del edificio- decidió en 1979, demolerlo para construir la Plaza de la Justicia.

Pero no todo el mundo le dio la bofetada histórica a este edificio, tan lamentable y tradicional en nuestro pueblo.  Un grupo de graduados de esta sede decidió defender el mayor referente histórico de la historia del Derecho en el país.  Bajo el lema de que “para toda la actual clase de abogados ese viejo caserón es y debe seguir siendo un santuario” y con el liderazgo del Licenciado Otto Rojas, expusieron ante la Corte Suprema de Justicia  la importancia de conservarlo.  Sus acciones no dieron el fruto esperado y los planes para derribarlo y construir la Plaza de la Justicia continuaron.

¿Por qué esta edificación de estilo Neoclásico, de construcción fuerte, un relevante mojón histórico, debía ceder su espacio a una plaza?  ¿Qué podrían haber pensado los arquitectos Teodorico Quirós y José Francisco Salazar ante la inminente demolición de su obra?

En el intento por conservar la vieja casa de enseñanza del Derecho, Otto Rojas y su grupo propusieron varias alternativas: establecer ahí un Museo Jurídico y Criminológico o un Museo de la Justicia, uno de la Educación Pública costarricense o una Biblioteca Jurídica Pública.

Entonces, como buenos abogados, decidieron escribir a la ministra de Justicia, la Dra. Marina Volio, con la intención de solicitar que se declarara al inmueble como Monumento Histórico.  Tras un largo y devastador proceso, en el cual intervinieron más graduados y algunos campos pagados, editoriales y artículos en la prensa nacional, el 14 de noviembre de 1979, fue declarado Monumento Histórico.

El decreto señala que el edificio “constituye un símbolo de la educación superior costarricense por haber sido el lugar donde se formaron varias generaciones de abogados costarricenses”.  Hoy puede decirse que también representa un significativo logro por parte de estos visionarios abogados que salieron a su defensa, quienes tuvieron una noción temprana de la conservación del patrimonio, ciertamente una lección ejemplar para la fecha, tristemente caracterizada por la fuerza anti-recuerdos de la máquina demoledora, en pos de la necesidad de arrasar con todo edificio viejo, toda representación del pasado, para implantar nuevas manifestaciones arquitectónicas en la ciudad de San José y en muchas partes del territorio nacional.

Hoy, la plaza existe, del viejo edificio solo quedó la sección que formaba la esquina noroeste o fachada sur del anfiteatro.  ¿Qué pasó con el resto del inmueble?  Primero escombros, luego polvo en el viento.  Ninguna fuente menciona por qué si con la declaratoria de Monumento se obligó a la Corte Suprema de Justicia a conservar y restaurar el edificio, hoy solo queda un fragmento.  La respuesta ya no importa, pues no podemos volver a tenerlo.  Pero al menos queda ese pedacito, que aunque pequeño cuenta algo de nuestra historia, así como de su destrucción.

2013.  Al pasar por el costado oeste de la Corte Suprema de Justicia, pienso en aquel estudiante de Derecho y el maletín en su mano, pequeño y sencillo, comprado con mucho esfuerzo, que si aún existiera estaría ahora vacío, pues las ilusiones dejaron de ser pensamiento para convertirse en realidad.  Pienso también en la injusticia con que la Justicia trató a la historia, pero agradezco al Licenciado Otto Rojas y a sus compañeros ese pedazo que todavía permanece, recordándonos la majestuosidad y la relevancia de tener recuerdos, lo importante de conservarlos para poder vivir la historia como algo cotidiano.



Por Derecho

El edificio de la Escuela de Derecho fue construido en 1925, diseñado por los arquitectos Teodorico Quirós y José Francisco Salazar, en un claro estilo neoclásico.

Aunque durante casi toda su existencia albergó a la Escuela de Derecho, también sirvió como sede de la Facultad de Filosofía y Letras, así como de Odontología.

El fragmento del inmueble que sobrevive corresponde a una de las dos naves laterales del edificio.

Algunos de los estudiantes de este centro académico son: Rodrigo Facio, Manuel Mora, Ricardo Jiménez Oreamuno y León Cortés.

Extrañamente varias personas llaman a la edificación “El Mausoleo”, pues al notar su presencia creen que se trata de una estructura funeraria erigida para algún personaje notable.




viernes, 6 de septiembre de 2013

44 vueltas al Sol


Quiero la mano sólida, caliente y generosa de mi papá tomando la mía mientras paseamos por el parque un domingo,
quiero recostarme al estómago de mi mamá mientras me lee un cuento de Edgar Allan Poe y sentir la vibración de su voz,
quiero que mi tío David nos lleve al Bosque Encantado y ver su luminosa sonrisa reflejada al sol, siempre complementada con el brillo de mi tía Teresita,
quiero un cuento narrado por mi abuela Emilia
y una historia jocosa con el humor tan particular de mi abuela Rosario,
pasear en el carro de mi abuelo Juan y nunca asistir a su entierro,
la mano del abuelo Francisco llena de corazones de chocolate,
volver a escuchar por primera vez a Olivia Newton-John, a Sheena Easton, a Whitney Houston, a la Callas, a Sinead 
mientras pruebo por primera vez un tequilita y un magnífico café.
Quiero escuchar las carcajadas de la Grütter en Ciencias Sociales
y soñar con Yolanda y Eunice teniéndolas cerca,
echarme esa llorada tan grande y sonada que siempre tendré pendiente con Chavela y uno de sus fuertes abrazos...
Quiero todo esto que siempre merodea mi mente y que se llaman recuerdos, historia de mi historia…
Cumplir años no es fácil cuando los años suman más y más, cuando adquirimos la capacidad de mirar al pasado como un ayer inmediato y extrañamos todas esas simples cosas que tanto significan.
Quiero a toda la gente que vive cerca de mí, que vive en mí y me recuerdan cada día que es indispensable celebrar la vida por tenerles a mi lado.


jueves, 1 de diciembre de 2011

Amputado

En esta fecha, hace siete años, desperté abruptamente a las 6:30 de la mañana, con una sensación inexplicable. Sentí como si me hubieran amputado una parte de mi cuerpo, un órgano que no sabía hasta ese momento que estaba ahí pero que sentía ahora arrancado de mí. Entonces tuve la certeza: mi papá había muerto.

Con el dolor de la herida aún abierta, pensé en cómo podría comprobar el hecho, pues no tuve duda alguna de que así fuera. La familia, primera opción, descartada. Probablemente todos estaban en camino al hospital, donde estaba mi padre ingresado. O tal vez, dado que no estaba en el país, una mentira piadosa se disfrazaría de un “está vivo pero mejor vení”. Llamé a mi mejor amigo-hermano y solo bastó decir su nombre para que él dijera algo así como “No es justo, ¿por qué tenía que pasar de este modo?

Otro buen amigo de aquel tiempo tuvo la humanidad de irse hasta México, donde estaba, para traerme a despedir al hombre que me dio la vida y me enseñó a vivir. Pero esa despedida ya había tenido lugar, el día en que él me llevó al aeropuerto. Le dije adiós con una usual palmadita en el hombro y me dispuse a cruzar la puerta de entrada. De repente, algo extraño sucedió y corrí de nuevo hacia donde estaba, para abrazarlo y decirle al oído: “Gracias papá, por todo lo que me ha dado, por todo”. En mi arrebato el hombre se quedó atónito, asustado, pero apenas me fui tomó el teléfono y llamó a una de mis hermanas, para contarle, aún con la emoción pero contento, de mi loco acto de afecto súbito.

Ya han pasado siete eternos y devastantes años, siglos para mí. No pasa un día sin que piense en él y sin que le hable. Él sigue siendo mi consejero, ahora es mi camarada y mi mejor psicólogo. Yo lo quiero, lo extraño, aún lo lloro y creo que esto nunca va a acabar.

El negro día se su partida hice por él lo manda la ley de la vida y lo que un buen hijo debe hacer: despedir un padre de la mejor manera, cantándole su tango preferido, contarle cosas bonitas para que pudiera irse en paz. Dios me dio la bendición de estar con mi familia y un torrente de amigos, que hicieron suya mi pena, dándome con ello un gran alivio y amor.

Ahora soy un huérfano. Extraño ese miembro amputado, ese lazo que cortó la vida como se separa un bebé del cordón umbilical. Quienes tuvieron el honor, porque eso es un honor, de conocerlo saben que no miento: mi papá fue un hombre excepcional por su inteligencia, por su bondad, por su humanidad. Por eso al recordarlo en el día en que lastimosamente cerró para siempre sus ojos es inevitable dibujar una sonrisa de amor, que es inmediatamente teñida por varias lágrimas, también germinadas de su amor.

Sus ojos, esos que se cerraron entonces, son ahora los míos, aprendí de su mirada el cada vez más escaso arte de querer y agradecer, algo que late fuerte en mí gracias a ese hombre, que el destino hizo por fortuna ser mi luz, mi gracia, mi gran tesoro, mi gran modelo…mi papá.

jueves, 8 de septiembre de 2011

Estudiantes conocerán a mujer que dio nombre a su liceo



San José, 06 de septiembre del 2011. Las y los estudiantes del Liceo Yolanda Oreamuno, localizado en Volcán de Buenos Aires, Puntarenas, conocerán a la mujer que dio nombre a su centro educativo por primera vez, el próximo martes 13 de septiembre.

En el marco de las celebraciones del mes de la Patria, el liceo ha incluido un conversatorio sobre la vida y obra de la sobresaliente autora costarricense. En la actividad participarán su nieta Ana Barahona, Juanita Castro, quien interpretará unos textos de la escritora, Luis Enrique Arce, Presidente de la Junta Directiva de la Editorial Costa Rica y el periodista y ensayista Alfredo González, quien ha investigado la vida y obra de Oreamuno por más de 15 años.

La idea central de la actividad es realizar un recorrido por la corta pero productiva vida de Yolanda Oreamuno, en la cual los acontecimientos biográficos se complementen con textos y fotografías suyas.

Yolanda Oreamuno Unger nació en San José, Costa Rica, el 8 de abril de 1916. Logró romper con un ciclo de literatura costumbrista, ya para su época agotada y con ello instauró una tendencia vanguardista en las letras nacionales. Murió en México, el 8 de julio de 1956.

Su novela La ruta de su evasión, escrita en 1947, recibió el Premio Centroamericano de Literatura 15 de Septiembre. El valor literario de esta obra le hace permanecer como una de las principales obras de referencia de la literatura costarricense contemporánea.

lunes, 21 de marzo de 2011

En una esquina de la Soledad


Nos vemos cada vez que por ahí paso. Una esquina, un rincón, es siempre nuestro punto de encuentro. Existen espacios en las ciudades que están dedicados a ciertas personas. Éste está reservado a nosotros, es nuestro, nos pertenece. Una discreta esquinita donde están grabados nuestros nombres, eternamente.

Cerca, muy cerca, justo al frente, está un amigo muy querido por los dos. Carlitos Gardel es el único testigo de que ahí estamos juntos, deteniendo el tiempo. Vigilante, sus ojos resguardan nuestros momentos ahí registrados.

Ocurrió una noche de junio, justo en el aniversario de la muerte de Carlitos. Fuimos juntos, con un grupo de gente, a cantarle sus canciones, inmortales como tu memoria. Al lado del Che Molinari y su inseparable bandoneón, ahí estamos juntos.
Por una cabeza, Adiós muchachos, Silencio, Mi Buenos Aires querido, y, por supuesto, Madreselva, ese tango que parece haber sido escrito solo para que lo compartiéramos, son algunas de las melodías que esa noche, sin importar qué tan bien o tan mal cantáramos, entonamos para nuestro amigo del más allá.

Resulta gracioso pensar que ahora ya son seis años, seis que llevás en el más allá. Pero para mí siempre estás en mi más acá, no acaba un día sin que te recuerde, sin que te sienta aquí, tan cercano y tan mío.

En un rincón de la soledad, ya no del barrio sino de una muy íntima que vive en mí desde que te fuiste, ahí también nos encontramos siempre. Vieras que dulce y que amargo, cómo a veces suelto una risa y descubro que es tu tuya, cómo a veces suelto algunas palabras y pareciera como si hablaras por mi boca, como en muchas ocasiones alguna de nuestras canciones logra conmoverme hasta las lágrimas y caigo en cuenta de cuánta falta me hacés todo el tiempo.

Papá, yo podría escribir libros y libros sobre nosotros y no dejar de llorarte como lo hago ahora. Todo está aquí, todo vive en mí, todo se ha quedado para recordarme constantemente que soy una extensión tuya, que intenta vivir cada día con tus enseñanzas, con tu discreto pero macizo cariño, con la pasión con que hablabas de tus temas favoritos, muchos también míos.

En una esquina de esta soledad de soledades, y en ese rincón del barrio de La Soledad, yo te encuentro, yo te abrazo, yo juro y te digo que eres parte de mí y que respiras en este mundo todavía a través de todos los que te conocimos y te extrañamos cada día de nuestras vidas. Todos estamos bien, porque vos estás siempre a nuestro lado.

jueves, 8 de julio de 2010

El país de los superfluos



Sentados frente a una botella de Tanqueray, muy en boga por salir en revistas, se llenan sus bocas de la ginebra más premiada del mundo, al tiempo que empiezan a escupir sus palabras ebrias. Desde una esquina abro mis aletargados oídos, gracias a su compañía, y los escucho desentonar su trillada, gastada y falsa canción:

Dolce & Gabbana, Armani, Prada, BMW, Mercedes Benz, Audi...marcas de diseñador y de automóviles de lujo...Eso quieren proyectar.

El grado de maestría es requisito, puesto de gerente -ojalá de banco o transnacional-, la clase de francés -aunque ni siquiera dominen el castellano-, casa propia de lujo -mejor si es en "condo", solo música electrónica y terminantemente prohibido lo nacional -es polo-...Ese es su valor.

Europa -claro, siempre el garbo europeo-, "shopping" en E.E.U.U., destinos exóticos -no olvidar un souvenir ostentoso o muchas fotos que demuestren que "estuve ahí"...Ese es el mundo que quieren.

"Soy exitoso porque cumplo con todo esto, es el ideal de cualquiera". ¿Y los pobres? "Pobrecitos, tienen que existir, son parte del sistema económico. Mientras ellos sufren yo intento conocer todo sibre vinos", sin importar que a sus superflous paladares todos les sepan igual.

Bíceps, gimnasio, cuadritos, "personal trainer", alguna cirujía a los 40, aunque en realidad necesitan un transplante de cerebro o, mejor dicho, un cerebro.

Cambian todo lo que han sido por lo que son los maniquíes de las portadas de revistas, cuando lloran lo hacen por envidia, las deudas financieras pagan la vida -"hay que arriesgarse"-, y compiten por cual es más superficial.

Ante el Tanqueray, yo empujo mi tequila, ante su cantante de moda -que dura dos meses-, yo escucho a mi Chavela Vargas y ante sus trapos me visto con lo primero que encuentre en mi armario. Como dicen ellos de los pobres digo yo de ellos: "Tienen que existir, son parte del sistema, no económico sino de valores, que nos enseña que la distinción es algo muy leve y relativo, que no puede portar ningún cadáver putrefacto. Así es.

viernes, 29 de enero de 2010

EXIT ROW


En esta vuelta al mundo, a los mundos, algunas veces nos asignan un asiento en el "exito row", fila de salida o salida de emergencia del avión. Nos sentamos plácidamente sin percatarnos de la responsabilidad que ello implica.


Entonces, aparece un sobrecargo que nos informa del procedimiento y la política al respecto. Uno tiene la potestad de solicitar que le cambien de silla si quiere evitar que ante una situación atípica deba abrir la puerta, desplegar el tobogán inflable y ayudar a los pasajeros a evacuar la nave.


Sin saberlo, sin pensarlo y sin que nadie me lo dijera, hoy de súbito me he descubierto bien sentado en el "exit row", donde he pasado la mayor parte de este largo viaje y donde he tenido que enfrentar varios accidentes, muy pocos míos y muchos de otros.


Aunque en la salida de emergencia se viaja más cómodamente, pues hay mayor espacio, ya estoy cansado de tanto susto y tanta ayuda a extraños, porque a fin de cuentas eso es lo que siempre fueron, extraños que tras recibir mi ayuda se van sin siquiera otorgar la leve caricia de un débil adiós. "Sobrecargo: por favor, cámbieme de asiento".

jueves, 10 de diciembre de 2009

El primer político


Hoy asistí a su funeral.  Como en un último vuelo sobrevendido, la gente se amontonaba, se empujaba, trataba de encontrar un espacio en una catedral que parecía construida de personas más que de cemento.

Había de todo.  Jóvenes, maduros, ancianos y hasta bebés cuyos padres querían hacerlos testigos de una página de la historia que parecía concluir en esta tarde melancólica, en la que hasta el clima parecía estar de duelo.  El mismo sol tímidamente intentaba colarse entre la multitud, quizás para rendir honores.

Yo recordé que gracias a él tuve mi primer contacto con la política y empecé de manera temprana, precoz y hasta fanática a conjugar las ideas de gobierno del pueblo.  Antes de él pensaba que solo podían ser famosos y admirados los cantantes, compositores, escritores, actores, pintores y escultores.  No estaba tan equivocado a fin de cuentas, porque el hombre era un artista de la palabra, un gran orador y un gran poseedor de carisma, algo que tanta falta nos hace hoy.

Los chiquillos del barrio, en aquella lejana Alajuela de antaño, coleccionábamos obsesivamente cuanta indumetaria, bandera, afiche o elemento existiera sobre el señor.  Extasiados asistíamos a cuanta manifestación hubiera y éramos felices cada vez que nuestros padres nos llevaban a una caravana de carros con banderas.

Bajo un fondo blanco, una línea celeste era coronda con una U en rojo.  Tener el juego de viscera y camiseta era el equivalente a poseer todos los juguetes de la Guerra de las Galaxias, o la colección completa de discos de Olivia Newton-John, en mi universo de niño.

Recuerdo un día en que hizo una visita a la casa de don Juan Lara, uno de los vecinos.  Aquello era como hoy, un mar de gente que intentaba darle la mano, tocarlo, como si fuera un santo que al menor contacto limpiara los pecados y eliminara los problemas.  Creo que a mí me toco la cabeza y me dio un saludo, nada más; pero eso valió para sentirme como ante la presencia el mismo Drácula, mi héroe de infancia, por extraño que parezca.  O de Carlos Gardel o Edgar Allan Poe, otros de mis ídolos.

Rodrigo Carazo Odio se llamaba.  Le correspondió gobernar en tiempos muy difíciles, que hasta los niños advertimos.  Escaseaba todo, el dólar se desplomó y las histerias de los mayores eran transmitidas a los pequeños.  El tiempo se encargó, se ha encargado, de dar otras interpretaciones a la historia oficial, más pasional que otra cosa, que juzgó su gestión de forma alarmante y desdeñosa. 

Yo, la verdad, no sé cómo juzgarlo, solo puedo decir que le agradezco su caricia en mi cabeza, la pasión que en mí despertó por cuestionar siempre los acontecimientos, quizás aún la idea temprana de hacerme periodista para poder ser parte de fenómenos como los que se creaban a su alrededor.

Una anciana me comentó que por un tiempo se encargaba de preparar sus comidas y que él siempre le regalaba una sonrisa y le priopeaba su buena cuchara.  Mientras hablaba yo podía ver en sus ojos el brillo que da la satisfacción de haber vivido lo que se cuenta y pensé: ¿Seré capaz algún día de motivar semejantes destellos en alguien?

Al sacar el cuerpo de la catedral, la gente le gritaba elogios, le aplaudían, mostraban sus fotos oficiales de cuando era Presidente de la República.  El bullicio, la inmensa masa humana y hasta la misma tarde que moría como lo había hecho él un día antes ... todo confabulaba para que las emociones fueran las maestras de ceremonia.  Me acerqué a una de sus nietas, por quien tengo un gran aprecio, por quien fui al funeral, y no pude evitar decirle que, en medio de la tristeza que semejante acontecimiento propicia, la fidelidad, el cariño, la devoción del pueblo eran un regalo maravilloso, que nos recuerda la gran diferencia que podemos hacer con carisma y con poner una sonrisa en nuestra boca.

Carazo, "el macho"...lo recuerdo siempre sonriente...así lo recordaré...así quiero recordarlo.  Que descanse en paz y que su sonrisa se multiplique en los rostros de tantos costarricenses, que todos sintamos una mano tan cálida sobre nuestras cabezas como la que sentí aquel día en que por instantes lo conocí.   Que así sea. 


miércoles, 2 de diciembre de 2009

Los viajes gratuitos del View Master




No recuerdo cuándo fue pero sí como. La primera vez que ansiosamente acerqué mis ojos a ese aparto rojo me llevé tremenda sorpresa por lo que ví: una puerta que se abrió de repente dejandónme visitar mundos existentes solo en mis fantasías de niño.

A veces me doy cuenta de que invierto mucho tiempo pensando en mi pasado y poco en mi presente. Ahora, en el futuro...

El aparato rojo...muchos teníamos uno y funcionaba colocando los discos dentro de una abertura. De ahí en adelante todo lo que fuese imposible se hacía realidad. Era un caleidoscopio mágico, calma-mocosos-en-viajes-largos (o sea, yo), en citas de doctor, en fin...en toda ocasión.

Recuerdo que me fascinaba coleccionar los discos de destinos. ¿Quién dice que la realidad virtual vino con las computadoras? ¡Si el View Master era precisamente eso! Yo visité tantos lugares: Egipto, Mónaco, Sur América...Grecia, desde el momento en que pude trasladarme a la Acrópolis (en trecera dimensión era el disco, por cierto) decidí que algún día comería un poco de su tierra, en honor a la cultura que más admiro...y así lo hice, muchos años después.

Siempre quise que hicieran unos discos de View Master de Olivia Newton-John o de Sheena Easton, siempre desee tener unos de Mary Poppins. Me encantaba colarme en el mundo de Alicia en el País de las Maravillas a través de mi aparato. Mi trabajo ideal hubiese sido de Ejecutivo Diseñador de View Masters.

El domingo, ventaneando con parte de mi familia, mi hermana y yo quedamos extasiados al encontrar una nueva versión de View Masters en venta. Mi sobrino, extrañado ante tanta pompa, preguntó y le contamos sobre todos los buenos ratos que este aparato nos dio.

Para él probablemente no significa nada ver fotos en un aparato tal vez ahora irrelevante. Con tanta tecnología y tantos juegos de vídeo ha de pasar inadvertido. Pero para mí es un regresar a momentos muy felices y un jalón de orejas en dos sentidos: el primero, nada es obsoleto si se mantiene con persistencia -como el aparato, encontrado en la tienda- y segundo, todos los sueños que veía proyectados en los dos orificios del aparato aún pueden cumplirse...total, si el View Master discretamente ha sabido ser perseverante..¿Por qué no iba a serlo yo también?

miércoles, 25 de noviembre de 2009

Cinco años


Estaba en mi casa de antes, coordinando algunos asuntos con el amigo que la tomó cuando me fui.  Luego de entregarme algunas cosas mías que todavía quedaban por ahí (suelo dejar objetos por todos lados), me dispuse a marcharme.  

Al despedirnos me invitó a cenar.  "Una de estas noches", dijo.  "Cualquiera menos el jueves, porque cumple años de muerto mi papá", le respondí.  Entonces todo giró: comencé a ver el apartamento como estaba hace cinco años, miré en retrospectiva mi vida durante todo este tiempo.  La cara de Thibaut cambió de repente, ya no eran risas sino como ese miedo, esa angustia ajena que se siente tan propia cuando de la muerte de un ser querido se trata.  Entonces, yo pensé en mi papá.

Son cinco largos y eternos años desde aquel día en que una gran parte de mi vida se apagó.  La ausencia definitiva es un dolor que madura y con el que aprendemos a cargar.  Yo pienso en su sonrisa tímida, en los abrazos perdidos, en todo, todo lo que extraño y la certeza de nunca más tenerlo.

Ay papá, si existiera una manera de comunicarse, si a pesar de saber que te tengo cerca yo tuviera una respuesta tuya concreta.

Si vieras todo por lo que he pasado en estos años.  Es que todo ha cambiado tanto desde entonces.  Los chiquillos están tan grandes, tan llenos de vida.  Empiezan a vivir como adultos y es impresionante lo bien que parecen hacerlo.  El más pequeño, Ricardo, ya camina y empieza a hablar.  Pobrecito, nunca pudo conocer al abuelo maravilloso que todos los demás extrañan tanto.  Eso me duele, porque no es justo que tanto amor se pierda.

Nosotros, los hijos, no hablamos casi del tema de tu partida.  Es que la verdad, no podemos mencionarlo sin que se fracture una vez más nuestro corazón, porque es uno solo cuando de vos se trata.

Y yo... yo no paro de llorar al escribir estas líneas.  Me he quedado tan solo sin esa parte de mí amputada abruptamente.  Mi vida ha dado brincos y saltos y he cometido muchos errores en estos años.  Tal vez por ser el menor, el más rebelde, nunca pude aprender tus lecciones, sobre todo en cuanto a saber ver qué gente es conveniente para nosotros y cual no lo es.

Tuve una depresión, la primera en mi vida, también causada por no saber escoger las compañías.  De repente me vi solo, traicionado y abandonado.  Pero tus otros hijos y mi hermano de vida supieron apañarme y demostrarme que mi sufrir era absurdo ante su cariño.  Hoy, la depresión es solo un recuerdo, una lección aprendida caída tras caída.  

No sé dónde estarás, pero si existe el Cielo es todo tuyo, eso de fijo.  Dios me dio un regalo y fue nuestra despedida.  En el aeropuerto, yo me iba a un viaje temporal y vos, sin yo saberlo, al viaje eterno.  Pero te pude abrazar con todas las ganas de mi alma y darte las gracias por haber sido quien me dio la vida, quien me tuvo que enseñar a caminar tantas veces y a poner las palabras propicias en mi boca.

Aprendí alguna de tus lecciones.  Discreta y calladamente ando por la vida e intento agradecer todo lo que recibo, que es bastante.  Creo que al final aprendí a ser valiente, soy tu único hijo que está solo en el mundo, pero sé serlo.

Cada vez que tengo una situación adversa pienso en cómo la resolverías y casi siempre obtengo la respuesta correcta.  Pero de vez en cuando me rompo en mil fragmentos y es por tu ausencia.
Gracias, todas las gracias del mundo papá.  Fuiste, sos fundamental en mí y prácticamente todo lo bueno que tengo de ti lo he aprendido, qué buen maestro.

Descansa y ten la certeza de que por acá se te extraña ... en dosis interminables.

domingo, 25 de octubre de 2009

El tiempo viaja


¿Viajamos en el tiempo durante nuestra vida o es el tiempo el que viaja a través nuestro?  A fin de cuentas él pasa y las personas se convierten en fantasmas, personajes u olvido y quedan sus obras, sus acciones en el tiempo…tal vez de algunos no queda nada.

Viejas fotos nos muestran como pasa el tiempo.  Ya no soy más el niño vestido de momia para un Halloween, que pasó la vergüenza de quedar prácticamente desnudo en plena calle, pues la moverse las gazas que formaban su atuendo, aunque, en gran forma, vuelvo a serlo cada vez que recuerdo tan lamentable entonces pero gracioso ahora acontecimiento.  Imposible, no volveré a serlo.

Tampoco soy ese chiquillo que cuando jugaban todos a super héroes aparecía disfrazado de Drácula pensando que el colmilludo eterno también podría ser parte de la legión del bien.  A edad temprana cuesta dilucidar entre el bien o el mal, solo nos movemos por lo que nos atrae.  Ojalá y lográramos conservar un poco de esa fascinación que aplacan los años.

El tiempo es el viajero que carga más equipaje consigo.  Mientras él guarda todo, nosotros solo mantenemos un cúmulo de recuerdos y si la memoria nos da el privilegio podemos contar con un disco duro externo que nos permite rescatar, de vez en cuando, una que otra anécdota.

“Como el tiempo pasa, envejeciendo todo”, dice una hermosa y triste canción; y yo pienso “todo lo cambia el tiempo”.  Los amores, las pasiones, las tristezas, lo que somos, lo que hemos sido y lo que seremos.  Cuántos amores besaron mi boca jurando ese amor indisoluble, cuántos elogios, piropos y promesas se quedaron en la aduana de las emociones pasadas, sin ser nunca más reclamados.

Cuántas personas ha dicho lo maravilloso que puedo ser, lo indispensable, ya no solo como amores sino también como amigos.  ¿A dónde se han ido?  ¿Cómo serán las vidas de aquellos que me confiaban hasta el más íntimo de sus secretos?  ¿Quiénes pondrán sus cabezas sobre las camas que fueron mías, tronos que coronaban la devoción que sentía por el objeto amado?  ¿Quién se sienta en las sillas que fueron mías, quién besa aquellas bocas con contratos de dedicación exclusiva a mi pasado? 

Tal vez todo se resume en una corta, contundente y definitoria frase que una vez me dijo una amiga a propósito de los amores, los furores, los ardores y las pasiones: “Tanto esfuerzo, tanta locura por un simple calambre”.  Sí, el amor es un calambre que puede durar poco o mucho, pero que siempre cuenta un final.  Yo ya he contado muchos…quién sabe cuántos más he de contar.

miércoles, 9 de septiembre de 2009

El viaje eterno del niño


Hay un niño que construye un volcán de barro en medio de un parque nacional que solo existe en su patio. La idea es colocar un "triqui-traque" en la cima, de modo tal que explote y la erupción genere una noticia para una población de muñequitos de Fisher Price.

Otro niño es más orientado a la construcción y el diseño. Construye una piscina, en escala perfecta, para una adinerada familia, también de Fisher Price.

El primer niño soy yo: hoy periodista. El segundo, mi hermano: hoy arquitecto.

Existe un grupo de niños que juegan de todo lo que miran a su alrededor: procesiones, concursos de belleza, películas y hasta noticias. Los recursos solo se ven limitados por la imaginación: paños hacen de túnicas, vestidos de bruja cubren a una Vírgen dolorosa y hasta el chaleco le sirve al Nazareno. Un pequeño carrito de bomberos sirve en abril para transportar al sufrido hijo de Dios como carroza, mismo que en verano servirá también como carroza del desfile de las rosas, pero con bouganvileas.

Unos niños patinan como expertos al ritmo de Xanadu, recreando las coreografías de la película en cada movimiento, según ellos. Bailan en una disco que no tiene la famosa bola de espejos sino una de playa con Snoopy, pero no importa, funciona igual. El efecto de cámara lenta se logra proyectando un foco contra un espejo; frente al cual uno de los niños baila frenéticamente. El hielo seco lo proporciona un envase de Lysol y la música: Donna Summer, Barbra Streisand, Andy Gibb, Olivia Newton-John, Sheena Easton...toda la constelación de los ochenta.

Cada vez que bailo alguna de esas canciones, hoy día remasterizadas o como covers de algún artista contemporáneo, soy de nuevo uno más de esos chiquillos que sabían pasarla tan bien. Entonces, me doy cuenta que esos niños siguen ahí bailando, patinando, haciendo una lectura diferente a la realidad con sus propios medios. Ellos y ellas se quedaron para siempre capturados en esos instantes eternos. No importa que las casas ya no existan, que las aceras ya no las crucen, no importa la edad ni el tiempo ni los muertos...todo sigue ahí y seguirá recreándose por siempre.

Estos pequeños se montan en un avión imaginario para viajar a España, Mónaco -a encontrarse con mamás ficticias (léase Grace Kelly)-, Nueva York, París, o hasta a Egipto con la esperanza de un hallazgo arqueológico -tenedores, no cualquiera sino de plata, los más finos, enterrados en el patio- o una Cleopatra que sea igualita a Liz Taylor. El avión es la escalera, pero vuela, porque en sus mentes no existe la palabra imposible y la imaginación es el motor que impulsa cada uno de sus viajes.

A mis hermanas y hermano, a mis primos y primas, a uno que otro amigo como Jeannette -que aunque en patines de mariposa patinaba, ja,ja- y a todo aquel que supo potencializar al máximo esa etapa maravillosa de la vida, de la cual todavía no logro desprenderme: la niñez. A todos ellos y todo el que lea estas palabras les recuerdo: no olviden su niñez, que buena o mala es mucho lo que somos hoy y guarda las respuestas para muchos de nuestros problemas o indecisiones.

domingo, 30 de agosto de 2009

40




Gracias Dios, por todo lo dado en mis años de vida: desde las Advil hasta las pastillas de violeta, desde Grace Kelly hasta Sor María Romero, desde quien rompío en mil pedazos mi columna hasta quien la repara con paciencia y afecto...Desde la madre que me parió hasta todas las sustitutas que me han amado.

Como dice Carlos, por la Pepsi light, que ni siquiera ha hecho daños en mi organismo, por esa mujer peronista llamada Eva, que me enseñó, sin conocernos, que el mundo no es la Guerra de los Trapos y a amar a las personas humildes y auténticas. Gracias por las conversaciones con la Poniatowska, con Chavela, con Sergio Ramírez…Pero también por aquella mujer tan sencilla, tan bajita y tan sola en este mundo que se llama Leonor y cuyo mejor regalo para mí era cocinarme las cosas que tanto me gustaban. Quizás ella nunca sabrá que me dió una gran lección: me hizo ser consciente de la importancia de rendir tributo a quien se quiere a través de la cocina. Nunca olvidaré el abrazo más sentido el día más triste de mi vida…y fue ella quien me lo dio.

Gracias Dios por los padres que me trajeron acá. Aunque siempre me dolerá la ausencia de papa, él está cada día más cerca de mí y en cada tango anuncia su presencia. Gracias por Endora, difícil de enterder de aquí a la eternidad, pero quien de sus excentricidades e indiferencias me mostró lo mejor de la vida. Hace poco ella me demostró lo mucho que me comprendía y ese fue un gran regalo.

Gracias por mis hermanos, mis pilares. Cada uno en su mundo, todos tan distintos, pero todos tan unidos, tan solidarios. También por mis tíos y tías, por todos. Tía Betty, que supo ser madre cuando la mia no sabía serlo, tía Albita que me dió horas con la Piaf y la Streisand, por tía Teresita, que siempre ha sabido estar ahí a mi lado, ser no solo madre sino también maestra; y por tío David, quien siempre fue un poco padre y ahora que el mio no está se ha convertido en su mejor complemento. Ni hablar de los sobrinos, ellos son la luz de mi vida.

Mis amigos, vivos y muertos son mi tesoro. Yolanda y Eunice, muertas pero siempre conmigo y todos los demás que no podría mencionar por espacio. Pero todos saben que los amo y hago por ellos lo que un hermano de humanidad hace…y aún un poco más.

Los amores…algunos han dejado poco, otros mucho y algunos nada. Pero todos fueron importantes, incluso quien más me hizo sufrir me enseñó tanto de sus cualidades y defectos: desde admirar su inmensa capacidad de superación, su don de dar amor hasta su repudio a mis enfermedades, que hacia al dolor más fuerte; hasta sus malas compañías que me mostraron que mi lugar no estaba a su lado, que yo era más que la basura que ellos sustentaban y la inmundicia en que vivían y se revolcaban: la Guerra de los trapos, de nuevo. Gracias a ellos puedo decir que soy todo amor para la gente buena y todo desprecio para los superfluos, porque ser vacío nos despoja de mucha de nuestra condición de humanos.

Yo soy todo lo que agradezco…o intento serlo. Dios mediante, Dios delante y yo atrás guiado por la mano de esa monjita que logró cambiar mi vida para bien.

40 en mi mejor momento…una cabeza parece asomarse ahora a mi lado y en ella veo mi complemento. Alguien que también es lo que yo agradezco.

40…ha sido verdaderamente importante pasar por estos lares. Los he vivido a plenitud, de extremo a extremo. No sé hasta cuándo me tendrás por acá Dios, pero lo vivido lo bailado –aunque mal-, lo reído, lo llorado, lo bueno, lo malo…todo me ha ayudado a ser un humano comprometido con la humanidad…alguien que solo procura vivir agradecido y agradeciendo.

viernes, 31 de julio de 2009

Tranquilo viejo, tranquilo












Mi vieja amiga virtual Ana Laura, mejor conocida como Tita Merello (1902-2002), pareció hablarme o mejor dicho cantarme el otro día, por supuesto desde el más allá.
Llego a la casa y entro como tropel de locos, con el estrés coronando. Buscando bajar la tensión me entrego en el refugio de mis brazos más protectores: la música. Tita que sale y empieza, ella siempre tiene la virtud de cautivarme al punto de ponerme a reír a gritos y llorar a berridos conforme cambia de canción.

Ella no solo era cantante sino también actriz. Por eso, su calidad interpretativa es tan grandiosa, tan cautivante, que yo me atrevo a llamarla “la Marlene Dietrich latina”, si es que los argentinos me dejan considerarlos hijos de América, por más influencia o influenza europea que tengan.

Yo intentando bajar el estrés y Tita susurrando a mis oídos: “La vida es corta y el pasarla a te de tilo, preocupado y con estrilo, ché, me parece que es atroz”. Cierto, ciertísimo, no más que yo me trago el te de menta, cuatro en un día y 5 tazas de café negro y sin azúcar (o sea, buen cariñito le hago al cuerpo). Ni hablar de los cigarrillos.

“Es un siglo de aspirinas, surmenajes y de locos”. Correcto, sean Advil (las favoritas de mi familia), Dorival o cualquier antibiótico, ahora tomamos calmantes (ja,ja) para todo. Ni hablar de las alergias: hoy resulta que existe gente alérgica al cigarro, lo cual me hace preguntarme cada vez que enciendo uno: ¿Dónde estaban en los 70, cuando todo el mundo la quemaba y nadie tenía ni la más mínima reacción? ¿Será acaso que tanta aspirina nos ha hecho más débiles?

“Tranquilo viejo, tranquilo”, canta con una voz híper-paciente. Sí, creo que esa voz debería retumbar constantemente en nuestras mentes para llamarnos a la calma. Es que es tan fácil perder los estribos hoy, volverse loco en un instante. Ruido, mucho ruido nos rodea. Tanto que ahorita tengo a un italiano hablando a gritos a mi lado y escucho los alaridos de otra gente no tan lejos. La gente hoy se comunica a gritos, todo es ruido. Hasta la música: entre reggaetón y electrónica, la cantidad de sonidos y decibeles es más de lo que un oído humano puede soportar y, sin embargo, los aguantamos.

La canción suena una y otra vez. Para mí esto es cátedra. Ya más calmado tras la reflexión originada por Tita, fumo un cigarro (sorry por los benditos alérgicos, pero ellos no pagan mi renta) y la escucho coronar su final veraz, crucial: “Suprimí las disparadas y acercate a la razón, sofrénate y acordate que tenés un corazón”.

Ana Laura, Tita: gracias por ser uno de mis mejores calmantes sin efectos químicos, sin ingredientes artificiales, sin ruidos aniquilantes y sobre todo gracias por darme mi mejor medicina: la pasión, que me inunda cada vez que te escucho.

miércoles, 22 de julio de 2009

Lágrimas en el país más feliz del mundo


Y ahora resulta que el informe Happy Planet revela que el nuestro es el país más feliz del mundo. Entre 143 paises, los ticos nos jactamos de vivir la filosofía de “Pura Vida”, que aterrizándola en la vida diaria pareciera sacada de una caja de cereal.

La organización británica The New Economics Foundation, que elabora el mentado reporte, utiliza tres variables para la calsificación: esperanza de vida al nacer, nivel de satisfacción que expresan los habitantes del país y prácticas ecológicas.

En cuanto a lo viejos que nos morimos, parece que los datos son acertados -78.5 años-. Pero no se qué beneficio tendrá vivir más pero con menos cada vez: dinero, calidad, atención, afecto, esperanzas… la lista puede ser interminable, sin dejar de lado la salud.

Con referencia a la satisfacción mostrada …Bueno, debo decir, en un influenciado lenguaje al estilo de Yolanda Oreamuno, que los ticos expresamos una realidad y vivimos otra. Nos la pasamos quejando de todo pero a la hora de dar declaraciones parecemos empleados del ICT: todo es bello, perfecto y hasta incluso podríamos mentirle al turista y hacerle creer que comemos tortillas palmeadas cada día y no la plástica tortirica. Igual tendríamos la desfachatez de asegurar que aunque vivamos en un condo de lujo, conservamos las tradiciones y la mentalidad de vida en la casona de adobe.

Como pocos, vivo en el mero centro de San Jose. Como muchos, soy testigo de la cantidad creciente de niños que deambulan por las calles, la gente que pide limosna –que nombre mas elegante-, los indigentes, la droga consumida a vista y paciencia y, por supuesto, la inseguridad ciudadana. Hablando de esto último, hace dos días escuche disparos cerca de casa y me encontré con la sorpresa de un pobre crisitano baleado en el suelo, que para muchos pasaba a ser parte del paisaje, porque para colmo el “pura vida” no contempla ser solidario ni compasivo.

¿Prácticas ecológicas? ¿Cuáles? ¿Alguna vez han intentado reciclar su basura? Si es así, sabrán entonces lo que cuesta conseguir a alguien que se encargue de recogerla. Vayan a la isla de San Lucas y verán a donde van a parar los desperdicios del Valle Central o bien piensen en el tratamiento que se da a la basura tecnológica. Estos son solo unos pocos ejemplos, de nuestra conciencia ecológica gourmet.

No entiendo, seré pesimista o lo que quieran, pero las buenas noticias cuando son falsas no pueden ser agradables. ¿Por qué siempre nos hemos empeñado en mostrar un estilo de vida que no es nuestro y que no podemos pagar? ¿Es eso importante, vital o soy tan solo un comunista -dicho sea de paso, obsoleto- que no entiende por qué es vital llevar una bufanda Armani por donde se vea la marca en un país tropical como el nuestro. O por qué hacernos "sabiondos" sobre el vino y pretender hablar contundentemente, con autoridad al respecto cuando venimos de “ay pa entro” y nos criaron a punta de agua dulce.

Hay algo podrido acá y esto no es Dinamarca, sino el país que tenemos y el que pretendemos mostrar, muy diferentes por cierto: uno hecho con ingredientes autóctonos, auténticos y naturales y el otro hecho de plástico, tetas de silicona, una farándula sin talento y un gallinero de nuevos ricos que nunca entendieron que para vivir con garbo no solo se necesita el dinero, hay que prepararse sin perder lo que uno es y ha sido. Como dice el dicho: “La mujer del César no solo debe de serlo sino también mostrarlo”.

Vivimos ahora en un país desigual, muy desigual, donde hay llanto, hambre, violencia, necesidad. La gente más afectada ya empezó a reventar, porque ya no hay pan, ni quedaron galletas, pero sí muchas Maria Antonietas que se niegan a ver la realidad de la patria, que dicen amar a su país pero no hacen nada, ni siquiera pensar que esta vida es un sube y baja y que hoy están arriba pero mañana, no más mañana, podrían volver a estar abajo.

sábado, 27 de junio de 2009

El "trip" de Marta Fonseca


Noche de viernes.  Gracias por la compañía.  Ella es una de mis más recientes obsesiones artísticas.  Jazz Café de San Pedro, diez de la noche.  Sube al escenario y de inmediato el ambiente se electriza con su voz.

Yo espero con el más fanático de los presentes a que cante Como Quisiera, un regalazo de canción de su álbum como solista. “Como quisiera escapar de mi…y ver todo desde ahí”.  La letra hace referencia a cuando todo ser humano se hastía y desea salir de su propio cuerpo para ver la vida a como la ve Dios, desde donde esté. La canta y mis sentidos se fusionan con su voz, con ella.

Por dos horas y con una excelente banda, Marta Fonseca da todo por dosis, canción por canción.  Un artista nunca puede imaginar lo gratificante que es expiar cansancios, estrés, tristezas, dudas…en fin, la vida misma a través de su arte.  Sin saberlo, Marta me acompañó, me arrulló con sus canciones durante una nefasta y reciente depresión (la primera de mi vida), haciendo mi pena más leve, más soportable.

Lo mejor – y se lo dije-, ella tiene algo que solo lo había visto antes en la maravillosa Julita Cortés y es que al final de cada pieza, al dar las gracias sonríen como niñas, incluso pareciera que se “chillan”.  Aún existe la magia en algunos seres humanos.

La explosiva belleza de la voz de Marta se complementa con su también explosiva belleza física y si a esto le agregamos su simpatía entonces escucharla es un absoluto deleite. Ni hablar de lo que significa conocerla.

Los artistas hacen la vida más soportable, más agradable.  Creo que de hecho son los que sostienen al mundo.  Gracias, Marta, por sostener con tu voz este querido pedacito de planeta del que todos nos sentimos orgullosos de ser parte. Gracias por ser nuestra.