miércoles, 1 de octubre de 2008

Turbulencia


Creo que he perdido el rumbo. Ese fue el pensamiento a mitad del viaje. Pregunté entonces a una de esas maravillosas azafatas, tripulantes de a bordo, asistentes de cabina, sobrecargos, en fin a la persona que recibe toda esa gama de nombres que resume un complejo oficio: el de calmar los ánimos de quienes temen a las alturas o a las experiencias a las cuales no están habituados.

En mi vida, en mi vuelo, cuento, a Dios gracias, con muchos asistentes de esta cabina tan ordenada a veces, tan desordenada otras, pero que siempre acuden al llamado del botón sobre mi cabeza - o quizás dentro de la misma-. Bueno, el caso es que la llamé y le pregunté hacia dónde iba mi rumbo. Ella sonrió y contestó: "No siempre sabemos con certeza hacia dónde nos lleva este vuelo, pero no pasa nada, no hay que alburearse sino seguir, continuar". Sabias palabras, sobre todo cuando te sientes como suspendido en el aire, en el tiempo, en el medio de la nada...flotando.

De repente todo empezó a conmocionarse, mi cabina giraba de arriba hacia abajo como una coctelera. Nuevamente me asusté y presioné el botón. Esta vez acudió un sobrecargo, que amablemente me dijo: "Tranquilo, ya pasará, como todo en la vida, el viaje continúa".

Gracias y perdón por olvidar mencionarlos y mencionarlas antes. En un vuelo ordinario, como en el de nuestro propio destino, siempre necesitamos de estas gentes, de estos maravillosos asistentes que nos calman cada vez que nuestros miedos, fobias, preocupaciones o sueños que aún no se cumplen nos provocan una pequeña, mediana o catastrófica turbulencia.

sábado, 24 de mayo de 2008

Un nuevo tripulante







Vino como a eso de las 9:30 a.m. En medio de tanta lluvia, los cielos se abrieron para que descendiera. Fue un aterrizaje forzoso para la desdichada cigüeña, pero a la hora de la hora todo salió bien.

Cuando la puerta se abrió y lo vimos la primera de tantas veces que lo veremos, nadie pudo contener el llanto. Papá, era como tenerte de vuelta, después de tanto tiempo. Otra vez, la misma barbilla, la misma boca, la misma nariz, la forma de la cara.

El niño es un milagro, todos lo sabemos. Mi papá se manifestó en sus rasgos, en su expresión para recordarnos que, aunque desde lejos, él también estaba presente.

domingo, 18 de mayo de 2008

Los viajes de Yolanda


"Yo sigo yéndome,viajando, descubriendo las islas de la agonía propia y los montes de la estupidez ajena. Pero de todo se halla en los viajes. Hay momentos de angustia y terrores de muerte, instantes de gloria y amaneceres tan blancos, tan claros, que casi parecen ese eterno y por siempre deseado "amanecer" en singular que todos esperamos. ¿Es esto estar por las derrotas, o estar por las glorias? No lo sé".

"Sí, no hay dignidad sin conciencia y la suprema conciencia está en asumir con pleno conocimento de causa las responsabilidades que da la vida al enrolar a un ser en su corriente, sea hombre o sea mujer …".


Yolanda Oreamuno

lunes, 12 de mayo de 2008

El Aeropuerto II


My broken heart runs through the open door and finally
the end of all I once believed was sure


Ha pasado ya algún tiempo. Otra sala de espera, otro avión, el mismo destino. Esta carta pudo haber llevado tu nombre, tu dirección, pero en nuestro caso no vale ni la canción y cabe la duda de si es verdad que la costumbre es más fuerte que el amor. Creo que nuestra historia no incluye esta pista como parte del soundtrack, para mí nada fue costumbre, todo fue un constante descubrir: descubrirte, descubrirme. Pero todo se acaba y lo nuestro es ahora un pasado conjugado en inmediato y que en algunas cosas no quiere concluir.

Escribir cartas sin destinatario… qué irónico … y yo que pensaba que con hacerlo una sola vez conjuraba a la soledad. Una vez más dejo el país sin tener una verdadera razón para regresar. ¿Será acaso México, esa tierra para mi tan querida pero tan llena de conflictos propios, mi fuerza renovadora, mi punto de quiebre, mi “concluir la novela” para empezar otra?

Los últimos días, las últimas noticias y las mismas de siempre, el ruído de tantas voces que nos acompañaron y también nos dañaron, las buenas y las malas intenciones… todo parece señalar que alguien decidió construir una autopista entre tu vida y la mía… ¿o será acaso un aeropuerto?

Todo parece indicar que no habrá más viajes juntos, más despedidas, ni más compañía. El ambiente encapsulado de un avión, o quizás la altura siempre tienden la cama para mi ambiente más propicio para reflexionar, pero en este caso cada día estás más distante y el tiempo pasado crea años de distancia entre nosotros.

Yo tenía tantas cosas que decirte, pero en un momento preferí callar. Los sentimientos nunca pueden revocar una sentencia unilateral, así que los míos no tienen otra opción más que cambiar … y seguir, sabiéndome solo, desolado, dueño de una historia en singular pero con alguna razón nueva que encontrar casualmente para seguir.

Nunca pudiste entender lo que te quería, porque no sabía quererte en el lenguaje de la apariencia perfecta y complaciente de quienes parecen enseñarte, tan sólida como la cáscara de huevo que ya ha sido abierto.

Yo no quiero, no puedo y mucho menos debo reclamarte. Ahora solo puedo darte mi consejo, el que siempre te dí y nunca pudiste escuchar: cuídate de tantas sonrisas, que los antifaces no te deslumbren, descubre las caras y mira fijamente a los ojos. Sabrás entonces quien verdaderamente te quiere. Nunca olvides quien fuiste y combínalo con quien sos hoy… hallarás ahí la mejor persona que podrás ser y recuerda que alguien te quiso mucho y por lo tanto que te quiso comprende perfectamente por qué no le supiste querer.

Sin despedidas, sin nombres … así es mejor irse.

YO

jueves, 17 de abril de 2008

Amor de humanos, amor de perros


El amor es otro pacto social. Luego de una noche de sostener batallas perdidas y ganadas, razones discutidas y calladas, de muchos buenos recuerdos, amargos silencios y vivir, vivir intentando prolongarse en la sombra de otra cabeza, en una sola mente y corazón … pude darme cuenta que no solo debemos enamorar a quien escogemos, nos escoge o ejercita una escogencia mutua. También hay que flirtear y conquistar a una bandada de amigos, que no siempre te reciben con los brazos abiertos sino con las garras a flor de piel.

Es un gran absurdo pero lamentablemente una realidad en nosotros los humanos y por eso hay que tener sumo cuidado a la hora de escoger más que amistades, amigos. Sí, como aquellos que aconsejaban y desaconsejaban a Bridget Jones, pero que nunca la desamparaban y lograban acomodarse todos en un Mini Morris. Así son los amigos y también quienes se disfrazan de ellos.

Tras dejar tantos cabos sueltos en esta maraña de pasados, presentes y futuros que algunos intentan vedar, tras levantar no solo a los soldados sino también a los mismos caballos caídos en esta apocalíptica batalla del amor, después de recorrer una y otra vez caminos sitiados, campos minados, llenos de los cuerpos muertos de tantas intenciones … Tras dejar todo eso y más bajo el archivo de una sola noche llegué a casa y encontré golpeando la puerta de ventana un pequeño pero gran motivo para entender que tal vez esa convención social que implica a otros en una escogencia afectiva es un grave error de nosotros los humanos: luego de abrir la puerta ella saltó, me dio un beso chupado y se acurrucó a mi lado, como tratando de demostrarme que su amor no necesitaba de la aprobación de nadie.


En cuestión de segundos, esa pequeña perrita logró enseñarme que para amar es mejor seguir su ejemplo y dejar de lado algunos ejercicios colectivos absurdos.

miércoles, 19 de marzo de 2008

Soy un rosario de muchos misterios


Empiezo a leerme, a rezarme. Desde la cabeza hasta los pies voy cuenta por cuenta, aprentando fuertemente cada abalorio conforme le dedico una oración.

Misterios gozosos hay muchos, pero la falta del hábito de la autoplegaria ha hecho que olvide como evocarlos. Es que muchas veces pensamos, o intentamos hacerlo, que todo está bien, que vivimos el momento perfecto, ese que nunca existe realmente sino tan solo en nuestra mente. La perfección implica por naturaleza a la armonía y para que esta ocurra se necesita más de una persona.

Hace poco en un restaurante alguien apareció de la nada y me dio un misterio gozoso más. Me anunció que yo siempre le había gustado, sin conocerme totalmente. Esto fue un fragmento, un instante en mi historia, un acto tal vez sin relevancia, pero cayo en el momento preciso, cuando me quejaba de mis fracasos.

He tenido también momentos de anunciación divina, de esos en los que mientras ocurren se detiene el tiempo y hasta dan la sensación de mareo al sentir que el mundo dejó de girar, aunque fuera por un segundo.

Tengo tantos misterios dolorosos que no vale la pena pensar siquiera en ellos. A veces me pregunto que puede más, que nos forma mayormente como personas, si la alegría o el sufrimiento. Es difícil decirlo, porque cuando el dolor toca a nuestra puerta todo parece confabular para intensificarlo. ¿Es esto cierto o será más bien acaso que somos más susceptibles al dolor y por ello todo se ensombrece? No lo se, creo que cada quien obtiene su respuesta y por ende da su propia versión, en consonancia con el recuento de sus daños.

El dolor es y ha sido parte de las capitulaciones de mi rosario porque siempre guarda misterio. Hace unos días sufrí el virus de la soledad, tan esparcido por el mundo actual. Pero en medio de mi angustia escuche voces, y no divinas sino mundanas, aunque con un gran halo de divinidad en sus palabras. Las voces eran como esa taza de café negro que tomo cada mañana para despertar, para revivir. Llegaron en el momento oportuno, justo cuando una de mis paredes se iba a derrumbar.
El dolor es, lamentablemente, importante. Ya lo dice bien mi adorada Yolanda: "Yo sigo yéndome,viajando, descubriendo las islas de la agonía propia y los montes de la estupidez ajena. Pero de todo se halla en los viajes. Hay momentos de angustia y terrores de muerte, instantes de gloria y amaneceres tan blancos, tan claros, que casi parecen ese eterno y por siempre deseado "amanecer" en singular que todos esperamos. ¿Es esto estar por las derrotas, o estar por las glorias? No lo sé".

Hay, en verdad, que preocuparse por aquellos que a uno lo quieren. Los que lo desprecian, lo ignoran o incluso atentan e intentan humillarlo a uno nunca deben ser motivo de preocupación alguna. Eso me lo indicó de manera precisa mi amigo Carlos y al hacerlo, sin percatarse, me hizo partícipe de una revelación celeste.

Total cada quien carga su propia cruz y uno no siempre sabe si la de una persona que no te quiere es mayor que la que se lleva. Yo solo pido que me dejen cargar mi propia cruz y que no le agregen el peso de sus diversiones de salón de época, que aparte de carecer de gusto, están bien gastadas y solo pueden ser practicadas por un malvado muy fino para que resulten. Hasta el día de hoy no conozco a nadie que reúna la elegancia que ese tipo de maldad implica como para que represente una amenaza. Las malas personas que he conocido no merecen ni mi respeto porque solo son sobros de maldad, el pellejo y no la carne, no la esencia, a Dios gracias. Además, en el fondo, estas personas guardan un gran saco de carencias, de un vacío que intentan llenar con frivolidades que no les van ni las hacen ser lo que intentan: diferentes, sofisticadas.

Asisto a mi propia misa y todas las que he participado y las que todavía faltan, en un sacramento de comunión y confesión conmigo mismo. Como Moisés, hace mucho tiempo quebré mis mandamientos, pero no me arrepiento porque todavía este rosario tiene más misterios gozosos que dolorosos y aún quedan más en el porvenir.

Termino mi ritual con la famosa frase-oración que una vez me enseñara Chavela a rezar: “Hay paz dentro de mi, porque estoy más allá del bien y del mal”.

miércoles, 5 de marzo de 2008

En la frontera del Olvido


Vino con el sueño. Al despertar pensé mucho y decidí transcribir este corto en gris para intentar descifrar su mensaje. Todavía no lo encuentro.


Es un día más de trabajo. Los tiempos son difíciles y hasta el mismo clima se ha convertido en cómplice de una guerra extranjera pero que aquí vivimos como nuestra.

Salgo de casa temprano, como a las cinco de la mañana y todo en el cielo es gris, como un espejo del pueblo. Para prolongar el gris y cortar camino cruzo el cementerio que está al lado del hospital en que trabajo. Extraño, colocar el sitio donde ya la vida se ha perdido junto al lugar en que se intenta salvar a la misma.

No hay flores, solo tumbas. En medio del intento por conseguir alimento y cubrir las necesidades más básicas… ¿quién podría pensar en los muertos? Si usualmente se les abandona a la suerte del destino post mortem, en este momento ya nadie se ocupa de ellos, ni siquiera el panteonero, que fue enviado a su casa y solo es requerido cuando se presenta una despedida. Es que no hay tiempo para recordarlos, tan solo alcanza para preocuparse…de qué pasará hoy, mañana, el próximo minuto.

En el hospital el día se hace como un reloj de arena lleno de agua, ya ni contamos las horas porque eso implica perder más tiempo. Hay tanto trabajo, tantas vidas por salvar que ni nos ocupamos en pensar mucho, es el instinto de supervivencia llevado al extremo del actuar médico.
Hoy ha habido una jornada suave, tanto que logro salir del hospital como a las cinco y treinta. Cansado como de costumbre, solo pienso en llegar pronto a casa a dormir como medida de evasión del gris de nuestros días.

Tomo la salida que da al camposanto, eso es práctico: el cuerpo se traslada una corta distancia, luego un pequeño rezo y a la fosa. La guerra afecta todo, hasta los rituales funerarios.
Todavía no ha caído el día y el gris sigue presente. Camino por el pasillo central hacia la entrada. De repente me percato de que todas las tumbas a ambos lados están abiertas, parece que han sido profanadas.

Evito ver los cuerpos o restos cuyo sueño eterno ha sido violado y continúo caminando, buscando una explicación para tal hecho. Quizás alguien pensó que podría encontrar algo de valor en los cadáveres. Tendría que tratarse de un foráneo porque esto es una gran equivocación en un pueblo de pobres, donde los difuntos son sepultados solo con sus vestimentas.

De repente me detengo. Hay algo que me impulsa a agacharme y mirar dentro de las tumbas. ¿Por qué? He visto tantos muertos, tantos despojos que ya me son indiferentes. Además si alguien me descubre haciéndolo podrá pensarse que soy el responsable de la profanación. Pero es una fuerza superior, algo extraño que hace doblar mis rodillas fuerte y lentamente. Al caer en el suelo miro a la izquierda y para mi sorpresa las tumbas no tienen huesos ni resto alguno. Adentro, los nichos están llenos de juguetes. Exploro y encuentro todos los juguetes de mi infancia, todos, hasta los que ya había olvidado.

Extrañado y extasiado, veo que el otro lado tiene más juguetes. Entonces soy víctima de una desesperada regresión: voy sacando cada pieza de su tumba y en medio del cementerio se inicia mi reencuentro. Ahora olvido todo el gris, el hospital, la guerra, el camposanto mismo y en su pasillo central juego con mis aliados de mi mundo otrora inventado, mi refugio del pasado, ahora presente. En medio de sepulcros y huesos, inquietando el sueño eterno de muchos, soy feliz con mis juguetes y con mi niñez, a la que creía extinta.