lunes, 23 de febrero de 2009
Adicto a los besos con Sinatra
sábado, 21 de febrero de 2009
¿Qué es peor: la traición o la mentira?
Algunos cuestionamientos vitales surgen inesperadamente. Hablaba con mi amiga Aisling sobre nuestras bajas en el campo de batalla amoroso y en medio de nuestra usual competencia por quien tiene la palabra el flechazo me pegó. Le hice la pregunta que da título a esta entrada: ¿Qué es peor: la traición o la mentira?
Entonces, como Esteno y Euríale nos metimos de clavado de competencia en el tema. Ella hablo de lo suyo, que me lo reservo porque no me pertenece, y yo hable de lo mío, que lo expongo con el afán de incrementar la incipiente educación amorosa de que todos sufrimos. Medusa brilló por su ausencia, tal vez hubiera logrado aclarar el asunto o bien, nos hubiera dejado a ambos petrificados, como suele hacerlo.
A mi me han mentido una y mil veces. Con la mano en el corazón a la gente que amo le he mentido muy pocas veces y siempre ha sido por su propio bien, no el mio. Noble, precavido o estúpido. Pueden ponerme cualquier calificativo que gusten, porque yo mismo no sé como juzgar este comportamiento. De hecho, creo que de todos mis “amores” solo existe hasta la fecha uno que no me mintió nunca e, irreverente naturaleza humana, fue casualmente a quien menos quise.
Ya lo dije, he sido víctima de la mentira de un amor en varias oportunidades y siempre, tarde o temprano sale a flote y por más buena coartada queda al descubierto. Pero si uno intenta no vivir con la mentira ser su presa gracias a alguien duele, pero se puede superar.
Ahora, con la traición, que yo sepa, me han pagado solo una vez. No importa hace cuánto, porque yo mismo no lo se, pero para mi es como matar a un vampiro con pequeñas estacas de fósforos, lenta y gustosamente.
Extrañamente en nuestra sociedad todavía machista, la traición es un arma de doble filo. Por una parte, hay quienes apoyan a la víctima y le invitan a hacer lo que hay que hacer, lo indiscutible: terminar, cortar por lo sano. Pero por otra parte, quien traiciona, quien pone los cuernos goza de todo el reconocimiento social. Es valiente, sabe romper con lo tradicional y hasta visto como obsoleto e incluso se torna mas sexy para quienes piensan que la infidelidad es sinónimo de glamour, de un potencial sexual desbordado, de pasión.
Yo no quiero mentir, no quiero traicionar ni nunca he querido que lo hagan conmigo. El amor no solo es un asunto de cama. Es un compromiso, es un deseo de construir un plan de vida conjunto, la ambición de prolongarse en otra mirada, en otra cabeza, que ojalá duerma todas las noches junto a la nuestra.
Cuando pienso en una pareja de traicioneros juntos me pregunto: ¿Podrán recostar sus cabezas tranquilas sobre la almohada cada noche? ¿Quien podrá más? ¿Sobre qué se construye su relación? Será acaso una pugna sobre quién cuenta más infidelidades?
Cuando pienso en una pareja que construye su unión sobre cimientos de traición, sobre romperle la vida a un tercero, pienso que yo no hablo ese idioma, prefiero quedarme con mi Esperanto de lealtades y verdad.
lunes, 16 de febrero de 2009
Tallos y espinas o las rosas de Morticia


viernes, 13 de febrero de 2009
El amor dura mil días
lunes, 26 de enero de 2009
La Columna Rota de Frida

Equipaje extraviado
Vengo a hacer un reclamo. En este último viaje perdí mi equipaje, o me lo robaron.
¿Qué describa cómo es la maleta? Bueno, es de cuero, de piel muy curtida por los años de vuelo. Algunas esquinas están ya rotas, de tanto andar. El color últimamente era negruzco, pero originalmente era claro y con brillo. El material de que está hecha era muy suave, pero el tiempo lo fue endureciendo.
¿Tenía algún nombre, seña o dirección? Sí, claro. El caso es que ya la dirección no corresponde y el nombre que tenía no es el mío. Usted verá, era una maleta compartida y el nombre era –según yo creía-, como una especie de extensión del mío. Mejor dejemos de lado las señas, por aquello de la nostalgia.
También iba un libro de días, que cubría un periodo de unos tres años. Narra historias de todo tipo, por aquello que decidan hojearlo, pero sobre todo muchas de solidaridad, compañía, afecto –que intentaba mostrar aunque no fuese bien entendido- y un gran número de ilusiones –sí, así de cursi-, que esas sí están nuevas, listas para usar porque nunca se dio la ocasión para estrenarlas.
Creo que eso es todo lo relevante que puedo decir para intentar recuperar mi equipaje perdido. Ese órgano con el que la gente dice querer, que a mi se me hace más como un músculo, no iba en la maleta. Fíjese que lo saqué en el último momento porque se había fracturado y yo personalmente lo iba a remendar. Ahora el trabajo es muy difícil, porque se va como secando.
Los amigos siempre los llevo en el equipaje de mano. Es que son una necesidad constante y urgente y con ellos he podido vestirme todos estos días. Ellos son como el libro favorito que uno siempre está leyendo y gracias a su apoyo puedo plantarme ahora a hacer este reclamo.
Ayúdeme, por favor. Tengo tantas pertenencias valiosas dentro de mi equipaje que aunque sé que no regresará intacto, espero fervientemente encontrarlo.
domingo, 11 de enero de 2009
Terremoto

Estaba colgando entre el aire y un leve almuerzo cuando me agarró. Al principio pensé que solo era un pequeño temblor, pero conforme la tierra comenzó a hacer aeróbicos me percaté que la cosa iba en serio.
En medio del terremoto, yo siempre Virgo absoluto, comencé a pensar, a evocar a la gente que quiero. Con todos sus defectos y virtudes, a todos los perdoné si habían hecho algo malo y me concentré en enviarles buenas vibras y lo mejor, solo lo mejor. Ante todos, estabas vos.
A veces es necesario que nos muevan la tierra para poder asentar todos esos pensamientos que nos aturden porque andan por ahí y no están aterrizados. A veces resulta indispensable un ¨socollón¨ para saber decir: ¨te quiero¨.