sábado, 21 de febrero de 2009

¿Qué es peor: la traición o la mentira?







Algunos cuestionamientos vitales surgen inesperadamente.  Hablaba con mi amiga Aisling sobre nuestras bajas en el campo de batalla amoroso y en medio de nuestra usual competencia por quien tiene la palabra el flechazo me pegó.  Le hice la pregunta que da título a esta entrada:  ¿Qué es peor: la traición o la mentira?

Entonces, como Esteno y Euríale nos metimos de clavado de competencia en el tema.  Ella hablo de lo suyo, que me lo reservo porque no me pertenece, y yo hable de lo mío, que lo expongo con el afán de incrementar la incipiente educación amorosa de que todos sufrimos.  Medusa brilló por su ausencia, tal vez hubiera logrado aclarar el asunto o bien, nos hubiera dejado a ambos petrificados, como suele hacerlo.

A mi me han mentido una y mil veces.  Con la mano en el corazón a la gente que amo le he mentido muy pocas veces y siempre ha sido por su propio bien, no el mio.  Noble, precavido o estúpido.  Pueden ponerme cualquier calificativo que gusten, porque yo mismo no sé como juzgar este comportamiento.  De hecho, creo que de todos mis “amores” solo existe hasta la fecha uno que no me mintió nunca e, irreverente naturaleza humana, fue casualmente a quien menos quise.  

Ya lo dije, he sido víctima de la mentira de un amor en varias oportunidades y siempre, tarde o temprano sale a flote y por más buena coartada queda al descubierto.  Pero si uno intenta no vivir con la mentira ser su presa gracias a alguien duele, pero se puede superar.

Ahora, con la traición, que yo sepa, me han pagado solo una vez.  No importa hace cuánto, porque yo mismo no lo se, pero para mi es como matar a un vampiro con pequeñas estacas de fósforos, lenta y gustosamente.

Extrañamente en nuestra sociedad todavía machista, la traición es un arma de doble filo.  Por una parte, hay quienes apoyan a la víctima y le invitan a hacer lo que hay que hacer, lo indiscutible: terminar, cortar por lo sano.  Pero por otra parte, quien traiciona, quien pone los cuernos goza de todo el reconocimiento social.  Es valiente, sabe romper con lo tradicional y hasta visto como obsoleto e incluso se torna mas sexy para quienes piensan que la infidelidad es sinónimo de glamour, de un potencial sexual desbordado, de pasión.

Yo no quiero mentir, no quiero traicionar ni nunca he querido que lo hagan conmigo.  El amor no solo es un asunto de cama.  Es un compromiso, es un deseo de construir un plan de vida conjunto, la ambición de prolongarse en otra mirada, en otra cabeza, que ojalá duerma todas las noches junto a la nuestra.

Cuando pienso en una pareja de traicioneros juntos me pregunto: ¿Podrán recostar sus cabezas tranquilas sobre la almohada cada noche?  ¿Quien podrá más?  ¿Sobre qué se construye su relación?  Será acaso una pugna sobre quién cuenta más infidelidades?

Cuando pienso en una pareja que construye su unión sobre cimientos de traición, sobre romperle la vida a un tercero, pienso que yo no hablo ese idioma, prefiero quedarme con mi Esperanto de lealtades y verdad.

Traición y mentira...Si no son hermanas al menos son primas.  Se llevan de maravilla, pero como dice un viejo tango: "Usted aquí no me entra".

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